Enviado por: Juan
Carlos Beiroa
Control Remoto
(Cuento)
Basado en una frase de Miriam Brizuela en uno de sus
informes a NpeM..-
Gracias a L.D. por sus correcciones.-
Relato publicado en: http://www.cruceroslunallena.com.ar/principal.htm
Como cada mañana en navegación, había salido a cubierta
para ver como estaba todo, quizá un poco relajado,
cuando notó que la escota de proa del casco de babor
había quedado desenrollada, mejor dicho mal adujada
junto al molinete de esa banda, las botas, ya con su
tiempo de uso, sobre la superficie húmeda y desgastada
del pasillo, hicieron el resto, resbalaron como un huevo
en un plato y cuando se quiso dar cuenta, casi sin tocar
el cable superior del guardamancebo estaba en el agua a
varias de millas de la costa.
*****
Había preparado, para que sonara a las 6 de la tarde,
uno de los dos relojes que habitualmente usaba, tanto
para despertarse en la amarra como para controlar, cada
veinte minutos o media hora, la posibilidad de que,
cuando estaba en navegación, hubieran barcos de carga en
rumbo de colisión. En el armado del barco se habían ido
los fondos suficientes y no dio, para un tan necesario
radar, imprescindible para una navegación segura. El
timbrazo indicó que era tiempo de iniciar la singladura
hasta el próximo puerto a 90 millas de donde estaba. Por
los cálculos y conversaciones con gente de la zona,
habia corroborado que, con el apoyo de motor, en esa
zona de poco viento, tardaría, en el mejor de los casos,
unas 13 horas. Si no los forzaba, para evitar consumos
extraordinarios, y con suerte, podría arribar antes de
que cayeran las últimas luces del día siguiente .
Por supuesto, y como hacia siempre habia consultado
todos los cuarterones, propios y de vecinos de amarra,
ratificando que se trataba de una singladura sin
problemas.-
Tomó, uno de los últimos yoghourts de frutas del bosque
que le quedaban en una de las conservadoras con unas
galletas, y se puso el pantalón y la chaqueta de agua,
ya que en cuanto cayera la noche, la humedad salada,
dejaría todo impregnado. Se calzó las botas; estaban
bastante usadas pero todavía eran impermeables.
Tranquilamente, puso la palanca del japonés de estribor
en ralentí y le dio arranque al motor; el cuatro tiempos
respondió con energía al reclamo . Luego lo hizo con el
de babor, pero éste, no se comportó igual . Tosió varias
veces y otras tantas se paró hasta que, por propia
decisión arrancó con un pico alto en revoluciones hasta
que se serenó y comenzó a regular. Tras varios intentos
en la amarra por subsanar este problema, habia
desconectado los conductos y vuelto a apretar las
abrazaderas pero quizás una junta en la zona del
carburador o algún gliceur sucio o tapado, fuera el
motivo de tan irregular comportamiento. Tal es asi que,
en algun momento y en régimen alto de revoluciones, se
había detenido por completo, pero bueno, pero ahora
estaba funcionando bien.-
Si bien no le convencía mucho, mejor dicho nada, llevar
nafta a bordo, no era menos cierto de que acuerdo a lo
que tenia pensado invertir, la oferta que le habían
hecho, por tratarse de dos motores en una sola compra,
no podía ser desatendida. Es cierto, debería luchar en
contra de ese temor subliminal por la nafta, pero se
prometió que no iba a escatimar ningún esfuerzo en
asegurar al máximo todo aquello que estuviera
relacionado con la estiba y conducción del riesgoso
fluido.
Asi fue que, instaló tanques y sujeciones de plástico
con gomas de poca compresión para lograr una mejor
fijación a las partes del barco donde iban a quedar
instalados. Cada conducto estaba fabricado para soportar
alta presión, aunque no hiciera falta en este caso, con
sus respectivas abrazaderas, en su medida correcta -- de
acero inoxidable -- lo mismo que la llegada a cada
motor. Cada goma iba debidamente sujeta al borde interno
del casco con abrazaderas de plástico para evitar roces
peligrosos que pudieran dañarlo. Solamente él sabía las
increíbles posiciones que tuvo que adoptar, retorciendo
torso, piernas, rodillas y brazos para llegar a ajustar,
como quería, cada uno de los puntos por los cuales
corría la cañería.
Desde tierra le ayudaron a librarse de las amarras y con
alegres y sentidos saludos dio avante al motor de babor,
para separarse lentamente del muelle que le habían
adjudicado.
Cuando hubo traspuesto la bocana del puerto, luego de
mas de media hora de marcha, todavía guardó respeto a
los bancos manteniendo el rumbo, y se alejó más de una
milla antes de caer a babor.
Cuando ya estaba paralelo a la costa, entonces si,
habiendo puesto el piloto automático para mantener el
rumbo, preparó la maniobra de mayor y tranquilamente
volvió al cockpit para izarla sin problemas, ya que el
poco viento que soplaba, era mas aparente que real, de
modo, que controlando que no hubiera ningún atascamiento
en la guía del palo, comenzó a dar manija al molinete
para elevarla al máximo del mástil.
Si bien le dio cierto repique, no la cazó sobremanera
para no recargar la tensión sobre la driza que habia
acusado alguna huella de desgaste y debía cambiarla en
un puerto donde las condiciones económicas fueran
favorables.-
En ese momento consideró que no valía la pena abrir el
enrollador por lo que dejó todo como estaba y que los
motores hicieran el resto, que era ganar millas al
norte.
La velocidad rondaba los 5 nudos y pensó que de no
presentarse viento consumirían 30 y 35 litros entre los
dos. Lo que era adecuado, ya que cada motor tenia un
tanque de 70 litros y los habia llenado al tope,
cargando los tanques de 20 litros cada uno.-
Fue alrededor de las ocho de la noche cuando se dio
cuenta que habia oscurecido, encendió la luz roja de la
cabina principal y las de navegación y se dedicó, a
acomodar algunas cosas en las taquillas, y poner otras a
mano, como ser la linterna estanca y una estroboscópica
con su pila nueva recién repuesta.
Para cenar se habia guardado mas de la mitad de una
tortilla con chorizos que le habia dado Nani, la mujer
española del noruego Olf, que iban para Ushuaia con un
28 pies sin motor. Habia algo que él respetaba y era
aquellos tipos que salen a navegar sin la ayuda de un
motor.
Volviendo a la tortilla, a cubierto, en la cabina y
mientras releía “Navegación con mal tiempo” de Cowes, un
libro que le apasionaba por el verismo de las
incidencias, fue dando cuenta de ella poco a poco.-
De vez en cuando, levantaba la vista del libro y miraba
el horizonte como queriendo ver algo, no sabía qué, pero
en todo caso era el ojo avizor que le indicaba la
conveniencia de estar atento al rumbo y la navegación.
Como las velas no demandaban un cuidado constante, el
barco se comportaba cortando las olas limpiamente con la
marcada angulosidad de los pontones.
Seria una noche sin contratiempos, salvo la obligación
de obedecer dócilmente, cada media hora, a los
despertadores cada vez que indicaran la conveniencia de
revisar los trescientos sesenta grados en búsqueda de
algun barco de carga o pesca que amenazara la seguridad.
Antes de recostarse en la cucheta del salón, salió
debajo de la cobertura que le brindaba abrigo y sintió
en la cara el viento suave y húmedo que no presagiaba
cambio en la meteorología.-
No se inquietó y por entretenerse un poco mas, dado que
habia descansado bien durante el día, encendió el B.L.U.
y sintonizó la frecuencia 14368 de la Rueda de los
Navegantes, luego corrigió la capacidad de la antena
para mejorar la recepción y siguió mentalmente la
posición de los barcos que daban sus coordenadas,
velocidad del viento, altura de la ola, rumbo y
recibían, de parte de Rafael, (o) de Altino o Alberto,
alguna recomendación de subir o bajar en su latitud para
escapar de alguna tormenta en ciernes o ganar un poco de
viento para andar mejor. Cuando terminó la rueda, se
dispuso a iniciar la serie de siestas para controlar el
eventual cruce con algun barco de carga . Temía que en
el puente el único despierto, si lo había, se estuviera
preparando el café y desatendiera la chicharra de alarma
de su radar, o que tal vez la pantalla reflectora del
cata no fuera lo suficientemente grande para devolver la
señal y pasara inadvertida para el radar del barco y por
supuesto también para el hombre de guardia.
Seria una noche como otras, más tranquila por la poca
profundidad de la zona, la marejada suave y el poco
viento que soplaba.-
Asi fue que tras cada timbrazo, sin dudarlo se asomó a
cubierta para confirmar una vez tras otra que no había
barcos en la zona ni boyas que indicaran la presencia de
redes de pesca.-
*****
Un rayo de luz, que acompasadamente le barría la cara
desde el tambucho de proa, terminó de convencerlo de que
era hora de levantarse, ya dormiría una siesta cuando le
placiera. Esa, era una de las cosas de las que gozaba,
comer y dormir (salvo en navegación) cuando quería, sin
estar sujeto a horarios.-
El sol no había empezado a calentar y todavía corría la
humedad condensada sobre los plásticos traslúcidos de
las ventanas laterales. Para no abrigarse mas, manoteó
la campera de agua y se la puso casi sin pensar, bajó la
cremallera reversible de arriba abajo. Sintió el peso
del salvavidas con su botelloncito de aire presurizado
automático y en el bolsillo superior algo, a lo que,
entonces, no prestó atención.
Ni imaginaba que pronto necesitaría de él.
*****
Muchas veces habia caído por la borda, pero como todo,
después, uno se convence de que por ésta o aquella razón
el hecho debió ocurrir, pero ahora, mientras el cata se
alejaba se dio cuenta que no sabía porque estaba allí:
en el agua.
La compresión del salvavidas lo sofocó sin avisar, por
efecto de reacciones químicas el accesorio de la
chaqueta se desplegó y sintió la fuerza ascendente que
le permitió tomar una bocanada de aire salado.
El barco se alejaba lentamente y él en el agua, de
pronto relacionó la imposibilidad de dominar el barco
con el bulto que le molestaba en el bolsillo derecho,
echó mano de él y confirmó que el control remoto de
timón automático estaba en la bolsita hermética en la
cual lo portaba habitualmente.
Como si estuviera abordo presionó varias veces el botón
que incrementaba diez grados a cada pulsación, la
posición del timón y, pudiendo a duras penas creerlo,
vio que el cata caía a estribor.
La velocidad sería de cuatro o cinco nudos, no habia
viento y el mar estaba en calma.
De pronto se le hizo la idea que pronto podría estar a
bordo de nuevo pero desechó la idea de poder sujetarse a
alguna parte del barco ya que no creía que alguna escota
o cabo pendiese, pero igual, ¿de qué lado estaría para
poder hacerlo? y ¿cuántas oportunidades de intentarlo
tendría?
No, no habría posibilidades de lograrlo.
A todo esto, el barco había iniciado una curva amplia;
desde su ubicación, estuvo tentado de aplicar más
presiones al botón con el cual dirigirlo directamente
hacia él, pero desechó la idea ante la posibilidad de
pasarse. Ahí es donde se dio cuenta que no tendría que
permitir que el barco se alejara demasiado de él, porque
en realidad cuando pulsaba el botón respectivo, no le
estaba ordenando que diera vueltas alrededor de él sino
que le estaba indicando un nuevo rumbo, por lo cual si
no lo corregía continuamente, corría el riesgo de que el
barco saliera del radio de acción del comando del piloto
automático. Nunca se le había ocurrido comprobar a que
distancia tenia efecto. Ahora, para bien o para mal, lo
sabría.
Ahí se le vinieron a la mente todas la prevenciones de
la maniobra del hombre al agua, e incluso la Butakow,
pero ya la habia abortado en cuanto hizo la primera
presión. Pero igual, el barco estaba ahí y habia que
intentarlo.
De pronto se dio cuenta de que algo no andaba bien.
Desde su posición en el agua, recién ahora vio que el
motor de babor ¡estaba parado! ¡Con razón habia
“sentido” cierta lentitud en el andar del barco y el
ronroneo habitual carecía de la intensidad!
Volvió a presionar una y otra vez el botón que hacia
virar a estribor al barco. Bajo los efectos del motor de
esa banda se convenció que todavía podía acercarlo hacia
él, en un intento por alcanzar algun punto donde
sujetarse, ¿pero de dónde?-
Una y otra vez presionó el botón salvador, ahora casi
desesperadamente, y de pronto se dio cuenta que lo que
se le venia encima era su propio catamarán de 12 metros!
Aquello objeto de sus amores, que lo llevaba lealmente
de puerto en puerto para concretar un sueño, estaba en
condiciones de darle un golpe o triturarlo.-
¡No lo podía creer, el barco o bien le pasaría por
encima, por el hueco entre los pontones o muy cerca. No
lo dudó y corrigió con una pulsación del boton que lo
haría caer diez grados a babor.
Ahora si, el barco venía hacia él y tuvo un
estremecimiento por el peligro que significaba si la
hélice del japonés de estribor le pasaba cerca.
Quizá tuviera tiempo para separarse con dos patadas
hacia el lado de babor alejándose el peligro, aunque
esto también constituía un riesgo por el golpe de la
pata con la hélice detenida con un objeto relativamente
estático como era su cuerpo en el agua.
De pronto se dio cuenta que le quedaba poco tiempo y a
menos de 50 metros la mole se le venía encima.
Sin pensarlo, su inconsciente tomó nota de detalles que
no podían ser analizados fríamente, y poco a poco,
procesando la imágenes automáticamente, vio, cómo su
barco le pasaba por encima y por esas cosas del destino,
porque no se le puede atribuir destreza para comandar un
barco a alguien que esta en el agua lo dejaba a él entre
las patas de los dos motores!
Si, el motor de babor estaba bajo y parado, se preguntó
cuándo habría dejado de funcionar.
Ese motor que ya había dado muestras de irregularidad en
el arranque pero, eso de pararse durante el
funcionamiento, era nuevo.
Nuevamente volvió a la realidad y vio que el barco se
alejaba. Ninguna escota, ningún cabo, nada pendía como
para permitirle asirse como fuera para intentar volver a
bordo. Ya ni sentía el frío inicial en las piernas, y
tampoco se habia sacado las botas que no le habían sido
necesarias para mantenerse a flote dada la efectiva
acción del salvavidas.
De pronto se le ocurrió una algo. Tenía puesto el arnés
de seguridad integrado con su chaqueta. Las dos argollas
pendían a cada lado de su pecho, tiró del lado derecho y
vio que cedía, volvió a tirar y confirmó que se
deslizaba con poca soltura por efecto del agua sobre las
superficies de la tela y la presión del salvavidas sobre
la tela, siguió tirando hasta que el aro salió
completamente, recién se dio cuenta que se habia
olvidado del barco y ya sin esperanza volvió a presionar
el boton de cambio de rumbo, pero ahora manteniéndolo y
logrando que el barco, no describiera como en anterior
oportunidad un círculo tan grande sino que cuando lo
tuvo enfrentado, dejo de presionar y el cata como un
faldero respondiendo a su amo, se dirigió hacia él mas
rápidamente que en su anterior intento. Sin pensarlo más
y sujetando la bolsita estanca con el comando dentro,
por el cabito que la cerraba, pasó por dentro de cada
argolla, la faja del arnés, y pasando la mano por dentro
de cada una de esas gazas artificiales, las ajustó a
cada muñeca, primero una mano, luego la otra, mientras
no dejaba de controlar la dirección del barco, pues
ahora si, se dirigía hacia él en línea recta, como el
tiburón a la chica de la película.
Midió el curso casi sin pensar, tratando de quedar entre
las dos patas de los motores pero más cerca del de
babor, corrigió con dos golpes al botón de un grado,
para que cayera a esta banda.
La fuerza de flotabilidad del salvavidas le evitaba,
tener que sostenerse asi que tenía sus dos manos
sujetando, para que no se aflojasen lo mas mínimo la
presión sobre sus muñecas en el tramo siguiente a su
paso por la argolla.
Cuando el barco estaba a unos diez metros y con toda su
inercia, midió la distancia y en el momento que la pata
del motor parado se le venía encima sumergió la mano
derecha por debajo de la pata, rodeándola e,
inmediatamente juntó casi como en un acto inconsciente
las manos, como rezando, y sintió que los hombros se le
desprendían de la espalda, el tirón fue tan grande y la
presión sobre las muñecas tan brutal, que casi lo
desmayan. Solo el frío del agua en la cara como un
torrente no permitió que perdiera el sentido.
La pata respondió como si se hubiera llevado un tronco
en el medio del Luján, saltó el retén y quedó fuera de
la vertical desplazándose hacia popa. Por suerte las
guías anticavitarorias sirvieron para que la faja del
arnés no se deslizara y lo dejara flotando. Estaba
preparado, sabia que el sacudón sería tremendo pero sólo
pensaba en salvarse y no habría otra manera.
El flujo de agua era constante, la boca, los ojos, la
chaqueta que se empeñaba en llenarse de agua a través
del pecho, las botas que lo frenaban como paracaídas a
un jet, todo era agua en movimiento tratando de
hundirlo, de no darle la más mínima oportunidad.
Reaccionó automáticamente y fue "subiendo" por las fajas
unidas, mano sobre mano para no resbalar, acercándose a
la pata que, de alguna manera, actuaba como diseño
aerodinámico para que la fuerza del flujo de agua no lo
desintegrara.
Fueron segundos que parecían horas, logró asirse a la
pata, con una mano, pero la presión del agua contra el
cuerpo lo hizo desistir.
Descansó una milésima de
segundo y volvió a intentarlo. Asirse a la pata era la
salvación, ¿resistiría la sujeción al casco, el trabajo
extra y contrario a la funcionalidad de la presión de la
hélice en la marcha?
Naturalmente la presión del agua habia terminado por
sacarle las botas. Con los pies descalzos se encogió
para asirse mejor y ahí es cuando sintió el filo de la
hélice que le rozaba la cara interna del pié derecho, no
le prestó atención estaba en el riesgo; como pudo, se
aflojó las correas que le habían despellejado la piel de
las muñecas. Manoteó la red que permitía el
desplazamiento entre cada casco y no recordaba cómo
trepó, el cuerpo del motor era un obstáculo insalvable,
pero no le quedaba alternativa, subía o subía, la
sujeción del motor había aguantado el cimbronazo y por
ahora estaba soportando el peso, sin embargo allí
estaba, intentando que su cabeza pesara mas que sus pies
para caer sobre la red salvadora. Vió, arrodillado sobre
las cuadrículas de la red, la estela que dejaba el único
motor en marcha y cada uno de los pontones de su cata.
Recién en ese momento, se dió cuenta que no colgaba de
su muñeca la bolsita con el control remoto del piloto
automático.
En el forcejeo por subir, lo había perdido…………………….
J.C.Beiroa-Alicante- 2005 |