DIARIO DE ABORDO


 

 

 

 

 

 

 


 

  29/11/05  Recife - Cabedelo - Jacaré - Joao Pessoa (Brasil)

Zarpamos de Recife con la marea alta, no nos pasaría nuevamente lo mismo, je! El viaje fue espléndido. Sabía que a partir de Recife nos encontraríamos con los alisios…, y así fue, se acabaron los días de viento y corriente en contra, de aquí en mas todo a favor, por fin!!!!!

 

La salida desde Recife tenía un halo de despedida que no nos gustaba pero que debíamos aceptar. Se le acababan los días de vacaciones a Ariel y tendría que volver a Córdoba a continuar con sus proyectos, por lo que para los tres y particularmente para él este tramo fue diferente.

Ariel se bebió cada noche y cada estrella, disfrutó de la navegación hasta último momento, y estaba tan compenetrado sin querer irse, que hasta nos preparó unos tallarines estupendos mientras escuchábamos y cantábamos a los gritos los temas de Horacio Guarany en plena navegación bajo un mar de estrellas titilantes.

Nos divertimos y disfrutamos el viaje. Los tres ya estábamos lo suficientemente bien adaptados al mar como para permitir que eso suceda.

 

Cabedelo es un puerto pesquero, no nos quedamos allí, entramos por el río con marea creciendo, por lo que íbamos a 5 nudos, sin velas y con el motor regulando. Buscábamos la playa Jacaré, muy visitada por todos aquellos cruceristas que atraviesan el Atlántico de Este a Oeste y por quienes van a Fernando de Noronha.

Efectivamente, cuando llegamos había barcos de todas partes. Atracamos en el Iate Clube de Paraíba, un pequeño club pero con todas las comodidades que necesitábamos: pileta, buenas duchas, marina y un quincho donde hacer asado, la parrilla la pondríamos nosotros…

 

Jacaré cuenta con un pequeño centro turístico muy pintoresco, donde abundan los bares y restaurantes y puestos de artesanías. Tomar unas copas por la noche en alguno de ellos es especial y casi todos tienen música en vivo.

 

Al día siguiente Alberto y Ariel fueron de expedición  a ver qué nos podía ofrecer Jacaré para conocer, mientras tanto, yo me quedé haciendo algunos trabajos en el barco. 

Exactamente a las cinco de la tarde comencé a escuchar las primeras notas del Bolero de Ravel interpretado con un saxo. La música venía del río, salí al cockpit rápidamente y el Bolero me embriagó con su dulzura, en ese mismo instante el sol llegaba a su ocaso, anaranjado y enorme se ponía, dando fin a otro día. Seguí mirando ese espectáculo sin igual y escuchando la melodía, cuando de pronto veo aparecer dos canoas a unos cien metros frente a mi. En las canoas, junto a sus remeros, iban sendos saxofonistas, que parados en las mismas tocaban las notas que yo estaba escuchando. Qué belleza!!!

Las canoas se paseaban por el río con los intérpretes al son del Bolero de Ravel… Disfruté el momento y una vez más del Bolero que tanto me gusta. Averiguamos que esa interpretación se repite cada tarde a la misma hora en una suerte de rito de despedida del sol, una hora mas tarde interpretan el Ave María.

 

Días después Alberto me confesaría que el vió el mismo espectáculo pero sentado en uno de los bares de la rivera y que se le escaparon unos lagrimones…., y si…, a mi también…., imposible resistirse…, y además para qué? Los sentimientos afloran en este viaje y todos nos dejamos llevar…

 

Como ya mencioné Jacaré fue el fin de la travesía de Ariel. Compartimos muy lindos momentos y charlas.

 


Clickea en la foto

 

 

Ariel tomó contacto con nosotras a través de un e-mail. Nos contó que le gustaría ser tripulante del Ithaca porque quería aproximarse a vivenciar la vida abordo en travesía, con sus momentos lindos y los de trabajo, ya que piensa comprar un barco mas grande y salir a navegar por el mundo con toda su familia.

Después de varias charlas en Buenos Aires y por e-mail, se sumó a la tripulación. Para él significaba estar mas cerca de su proyecto, para nosotras darle una mano a alguien que tiene sueños y pelea por ellos, puesto que nosotras contamos con mucha gente que nos ayudó y nos apoya en esta nueva etapa.

 

Una de esas personas es Alberto Rocamora, neuquino, él se enteró del Proyecto Ithaca a través de un medio de comunicación.

En uno de sus viajes a Buenos Aires pasó por el barco a conocernos y a partir de ahí continuaríamos en contacto por mail o con su presencia cuando regresaba a Buenos Aires.

Un día se apareció con la que sería, después de unas modificaciones, la vela de capa del Ithaca, era la vela mayor de su barco, el Peñi.

Alberto ha soñado por mucho tiempo con realizar una travesía oceánica y nosotras siempre hemos querido devolverle gratitud a cada una de las personas que nos han apoyado de una u otra forma. Cada una de esas personas tienen un lugarcito en alguna pierna del Ithaca.

Alberto es el primero a quien podemos retribuirle en forma directa las atenciones.

 

Pero volviendo al relato…, llegó el día de la despedida. Nos levantamos temprano para acompañarlo a Ariel a la terminal de ómnibus en Joao Pesoa, a unos pocos kilómetros de Jacaré, la despedida fue emotiva…, se alejaba un compañero de viajes sin igual, una excelente persona con ideales muy particulares acerca de lo que debería ser la vida.

 

(Ariel, ojalá puedas llevar a cabo tu proyecto con tu familia y espero que el Ithaca te haya dado la posibilidad de abrir esas perspectivas o de aclarar las dudas, como nos la dió a nosotras Expedición Atlantis.)

 

Luego de la partida de Ariel, Alberto y yo fuimos a visitar la ciudad de Joao Pesoa y la Fortaleza de Santa Catarina en Cabedelo, al día siguiente continuaríamos viaje.

 

Nos habíamos propuesto un duro desafío, llegar a Puerto La Cruz en Venezuela, con escalas en Natal y Fortaleza…, pero como digo siempre…  esa es otra historia…

 


              Para comunicarte, envianos un mail a: ithaca@proyecto-ithaca.com
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