DIARIO DE A BORDO


 

 

 

 

 

 

 

 



 
 28/12/05 Fortaleza a Trinidad, el viaje fallido (Brasil)   

Y salimos nomás hacia Trinidad, con una navegación muy dulce. Al segundo día comencé a sentir un ruido fuerte en el timón, ya lo había sentido antes, pero esta vez era más pronunciado. Sabía que podía ser un desgaste en el buje del eje del timón, no era nada serio, pero la perspectiva de continuar diez o doce días mas con ese ruido me crispaba los nervios. Decidí parar en algún puerto cercano para arreglarlo.

El problema radicaba en que mi Guía terminaba en Fortaleza y sólo marcaba dos puertos al norte de Brasil: Luis Correa y Belem.

Yo en realidad quería ir a San Luis de Maragnon, pero no tenía ningún dato, sólo lo que escribió Enrique Celesia en su libro y éstos no eran muy alentadores.

 

Nos dirigimos entonces a Luis Correa, una población de pescadores muy pequeña, no sabíamos si habría algún lugar donde levantar el barco para sacar el timón, no sabíamos si habría tornero, tampoco si habría material para hacer el buje, lo que sí teníamos era un croquis de la entrada. Este mostraba bancos de arena por todos lados, sin él no hubiéramos podido entrar.

 

Calculé la entrada en la estoa, pero nos retrasamos un poco y llegamos cuando comenzaba a bajar la marea. La corriente no era todavía demasiado fuerte, el viento de entre quince y veinte nudos, bajamos las velas y entramos a motor, veríamos que nos depararía el destino…

 

En la guía decía que no había clubes náuticos ni marinas, solo marcaba el muelle de una vieja fábrica de hielo, “Albatros”, y mencionaba a un Sr. Matías como todo contacto para cualquier cosa que a los veleristas se les ofreciera…, para allá fuimos…

El libro es de 1999, por lo que está algo desactualizado. Al llegar nos encontramos con la novedad de que la fábrica estaba cerrada pero el muelle subsistía. Nos amarramos a él con la alegría que siempre da llegar a puerto sin inconvenientes, aunque no excento de sobresaltos. Ese muelle y la fábrica cerrada serían nuestra marina en la siguiente semana y Matías sería nuestro anfitrión de lujo en Luis Correa.

Él no nos conocía, preguntamos por él porque aparecía en la guía, en cuestión de dos minutos paso a ser nuestro amigo, consejero, guía turístico y no se cuantas cosas más…

 

Se brindó por completo él y toda su familia, así como también cada uno de los que tuvieron contacto con nosotros…, serenos, pescadores, fabricantes de redes, tornero, y hasta el guardia del Banco de Brasil se ofreció a prestarnos reales ya que nosotros habíamos cambiado todos nuestros reales por dólares para entrar a Trinidad!…., lo increíble de todo esto es que no nos conocían!!!

 

En la ciudad no existe ningún sistema para sacar un velero y menos del calado del Ithaca (1,80 mts.).

Luis Correa tiene una amplitud de marea de 4 metros, por lo que pusimos al Ithaca en un costado del muelle a las tres de la mañana y esperamos que la marea bajara, lo amarramos con cuanto cabo se me ocurrió poner y el Ithaquita quedo hundido en la arena y derechito, derechito!

Alguna vez alguien intento cavar un pozo en la arena? … Todos lo hicimos de chicos…, No es fácil no?... Yo ya estoy grande pero la necesidad tiene cara de hereje…

 

Eso intentamos hacer debajo del Ithaca para sacar el timón y así poder solucionar el problema de los bujes. Por lo menos cinco personas pasaron otorgando su mayor esfuerzo tratando de cavar cuando la marea se retiro, pero los intentos fueron infructuosos.

Decidí entonces que sacaríamos el timón con el barco en el agua, los esfuerzos con la arena eran inútiles, esperaríamos la marea alta, pero había un inconveniente... la corriente alcanzaba 3.5 nudos, sería en la estoa entonces.

Luego llegarían los ruegos para que alcanzara el tiempo para sacar el timón.

 

El Loro, Matías, Alberto y yo trabajamos para poder sacarlo, cuando por fin bajó nos faltaban unos cinco centímetros para que quedara totalmente libre ya que hacía pie en la arena. El Loro, un valdeador de pesqueros, se ocupó de cavar con la mano a los costados del timón haciendo snorkel y de golpe el timón zafó. Por fin estaba suelto!

Luego vendría Pasarinho, el mejor tornero de Luis Correa según los locales, a tomar las medidas y fabricar dos nuevos bujes. Y junto con el también llegarían mas dudas… Hay material “Delrin” en L.Correa para fabricar los bujes?…, no, no hay, …tenemos este material y este otro. Una corrida a internet para ver las propiedades de los materiales, otra corrida al teléfono para llamar a Jesús en Buenos Aires y consultarle…, tomar decisiones sin saber demasiado del tema…, y por fin…, arriesgarse…, se hinchara el material en contacto con el agua…?, cuanto?, debemos dejarle mas luz entre el buje y el eje o no…?,
 


Clickea en la foto

 

y si se hincha en cuanto tiempo lo notaremos…?. Tendremos muchos días de navegación hasta Trinidad… Y yo que quería curar mi gastritis!!!

Bueno…., a ver…, hagamos así….

 

Los bujes estuvieron terminados en cuestión de horas.

 

Para esto era sábado, 30 de Diciembre. Todos trabajaban para darnos una mano y poder pasar Fin de Año tranquilos. Nuevamente el Loro al agua, vinieron dos personas más que sin llamarlos se zambulleron solo para ayudar porque nos veían hacer muchos esfuerzos, ya que  la corriente comenzaba a sentirse.

A la voz de mando de Matías todos trabajamos y el timón por fin quedo en su sitio!!! Lo probamos y quedo perfecto. Ahora habría que rezar nuevamente para que no absorba mas agua de la que calculé…, uff, que lucha!

 

Una amiga venezolana que conocí en Salvador, con su marido inglés, repite siempre una frase con una sonrisa en la boca cuando alguien tiene algun problema en el barco: “Welcome to the cruissing life!!” Y es asi! Todos nos imaginamos la vida abordo como algo totalmente idílico, sin preocupaciones, tomando sol y cerveza en la playa. Pero la vida del crucerista no es solamente eso, y definitivamente no es tan relajada como una puede imaginarse. De todos modos, como digo siempre, los momentos buenos son tan pero tan buenos que tapan muy rápidamente a los malos, aunque les aseguro que los malos llegan a fastidiar mucho y hay que tener voluntad para seguir!

 

Pensábamos partir para Trinidad el 31 de Diciembre y pasar año nuevo en navegación. Hubo una insistente invitación de Matías a pasarlo con su familia en la playa, lo conversamos con Alberto…, ya estaba decidido, pasaríamos Año Nuevo en Luis Correa.

Pasé uno de los año nuevos más lindos de mi vida!!! Matías nos llevó con toda su familia y amigos a un parador en la playa. Comimos cerdo adobado asado, farinha, arroz y corría la bebida como nunca.

Entre charla y charla esperando las doce horas, nos íbamos a caminar por la playa que con marea baja era realmente extensa. Nos encontramos con una ceremonia candomble de casamiento de dos parejas, muy emotiva y alegre, y con cientos de mirones como nosotros que pasaban por ahí.

 

Curiosamente a las doce no brindamos como suele ocurrir en Argentina, tampoco se hizo el conteo regresivo. Sin embargo, minutos antes de las medianoche todos nos fuimos a la playa, éramos cientos y cientos de personas, música por todas partes, todos bailaban con sus copas en las manos…, así…, bailando y aplaudiendo era como recibían el año nuevo!!!

Luego vendrían más botellas descorchadas, los fuegos artificiales, la ceremonia a Lemanja, la diosa del mar, el pedido de siete deseos con los pies dentro del mar y la felicidad que inundaba todo.

No olvidaré nunca el Fin de Año del 2005…, tampoco a Matías y su familia!!! Muchas gracias Matías…

Y por supuesto tampoco olvidaré Luis Correa, pueblo de pescadores.

Allí comprendí cabalmente la historia que se presenta en la película la Tormenta Perfecta. Todas esas escenas sobre la vida de los pescadores, son tal cual las viví en Luis Correa, no son escenas de película es la vida misma de cada pescador, con sus esfuerzos, sus alegrías y sus miserias. Hablando con ellos aprendí sobre pesca, redes, sistemas de conservación, sobre la dura vida que llevan en pequeños pesqueros fuera de sus hogares a veces por más de un mes, sobre el regreso antes de tiempo al haber conseguido un buen cardumen, pero también sobre el retorno con cabezas bajas, sin carga y con bolsillos vacíos, sobre la constante búsqueda de mejores lugares de pesca, acerca de la alegría de sus familiares en el arribo y el estruendo de cohetes al aire, festejando la llegada a puerto con cada pesquero…

 

Al día siguiente, 1 de enero de 2006, partiríamos para Trinidad…, pero esa es otra historia…


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