Puerto La Cruz está enclavado en el oriente venezolano, es el área que más ha crecido a nivel turismo en ese país.
El potencial es inmenso, playas fantásticas, arena fina, delfines, sol todo el año y diversas geografías.
Si bien Felu me había conseguido un lugar gratis en “Plaza Mayor”, un sitio increíble para estar con el
barco, en el corazón
del centro comercial Plaza Mayor, decliné la oferta porque me pareció que iba a estar muy alejada del ambiente de navegantes
oceánicos, que como mencioné en otra nota son mi familia en este viaje. Por lo que decidí quedarme en Marina Puerto La Cruz,
en pleno centro de la ciudad.
María Inés, la venezolana que había conocido en Salvador de
Bahía, ya había hablado con el Comodoro de la marina sobre mi llegada. Allí me trataron fantásticamente bien y me encontré
con algunos navegantes que había conocido en Brasil y Trinidad.
Yo diría que es una marina francesa, ya que el 80 por ciento
de los navegantes que allí estaban eran de esa nacionalidad, en cambio la Marina Bahía Redonda estaba repleta de norteamericanos,
australianos e ingleses. Realmente no se bien qué contarles de esta etapa, estuve allí bastante
tiempo, viví muchas experiencias
nuevas y Venezuela y su gente son maravillosas…
Me dediqué a visitar Venezuela tierra
adentro.
Visité Caracas, los Altos de Santa Fe, Barcelona, Colonia Tovar, Puerto
Ordaz, el Parque Nacional La Llovizna, los Tepuy,
la fábrica de acero “Sidor”, que me asombró por su tecnología de
avanzada.
En esa fábrica me dieron una clase magistral de las características y propiedades de los distintos aceros y me mostraron “in situ” como
se fabrica cada uno. Esa fue una clase que me la debía y la gente de Sidor me permitió
realizarla. También visité la Embajada Argentina
en Caracas, me presenté, como lo hago en cada país donde arribo, y el recibimiento y atención que me dispensaron fue increíble.
La embajada difundió una gacetilla de prensa para los medios y a través de ellos me hicieron numerosas notas en distintos medios de
comunicación venezolanos. También fueron ellos quienes me contactaron con la empresa Sidor. Empresa que nos ha regalado absolutamente
toda la pintura que necesitábamos para remozar al Ithaquita: antioxido, primer, poliuretánica y antiflouling. Todo esto sin pedir nada
a cambio. Debemos destacar ese gesto, nos sentimos afortunadas de que este proyecto levante tanta muestra de afecto en todo nivel.
T
ambién tengo que agradecer al Ministro Carlos Riva y a Susana,
su secretaria (de la Embajada Argentina), por las gentilezas brindadas y por preocuparse por mi en todo momento, llamándome por teléfono
para saber si me encontraba bien; a la empresa Sidor, y particularmente al Sr. Angel Fernández (Asistente del Presidente Ejecutivo), al
Sr. Julián Villa y al Sr. Antonio Font (ambos de Relaciones Institucionales).
Venezuela es un país extraordinario para visitar y conocer, su naturaleza
es pródiga y su diversidad geográfica también. En Venezuela se encuentra el Salto mas alto del
mundo, el Salto Angel, con casi
mil metros de altura; también encontramos los Tepuys, formaciones geológicas que sólo podremos ver
allí; el famoso río Orinoco y los
“yanonami”, aborígenes que aún hoy desconocen la civilización. Se puede pasar de playas idílicas con sol caribeño a montañas
nevadas, en cuestión de horas y en el mismo país! Conocí personas fantásticas, de diferentes nacionalidades, del nivel social que se les
ocurra. Este viaje me ha brindado poder compartir sentimientos y vivencias con gente con la que nunca me hubiera imaginado que
compartiría cosas. Me ha ayudado a extender mas mi horizonte mental y comprender un poco mas la naturaleza humana.
Todo el mundo me
decía que no fuera sola a ningún lugar con el barco por un tema de seguridad, por supuesto yo tampoco quería eso. He tenido tres
encuentros en altamar sumamente dudosos y uno en particular antes de arribar a Puerto La Cruz que me habían dejado muy preocupada con
el tema de la piratería. Las islas venezolanas son fascinantes, había escuchado relatos sobre ellas y visto cantidad de fotos que me
hacían soñar con ir allá, he visitado algunas de esas islas acompañando a navegantes, pero por otro lado no siempre lograba hacer
coincidir mis tiempos con los de los otros navegantes. Le comenté esto a María Inés y me dijo que fuera a la isla Harapos, en el Parque Nacional
Mochima. Que fondeara allí, que bajara y me dirigiera con el dingui hasta la costa y que preguntara por el jefe indio..., que era amigo
de ella... Que
cuando me presentara le dijera que estaba sola, que quería pasar unos días por allí y que necesitaba protección. Que tal?
Yo la escuchaba a
María Inés decirme esas cosas y me parecía que me estaba cargando o que había visto muchas películas. Yo estaba preocupada por la
piratería (que también parece de película no?) y ella me salía con lo del jefe indio!!! Le pregunté si me estaba cargando y muy
seria me dijo que no, que como le preguntaba eso!!! Siguió con sus consejos, me dijo que llevara leche y carne para darle eso al jefe a
cambio de la protección, que si el jefe aceptaba yo no iba a tener absolutamente ningún problema y que iba a pasar unos días
fantásticos en una isla que es un paraíso… Me quedé pensando durante días lo que me había dicho María
Inés. Yo sabía que estaba
a solo unas horas de islas bellísimas pero no me animaba a ir sola. Hasta que por fin, después de que todos los trabajos que tenía
que realizar en el Ithaca fueron hechos, me decidí. Levanté amarra y me fui a la isla Harapos… La navegación hasta allí fue
deliciosa. Venezuela tiene un clima espectacular, con brisa
constante, aire cálido, aguas verdes… |
Clickeá en la foto
Cuando llegué a la isla tiré el
ancla, inflé el dingui y me dirigí a la
costa para hablar con el jefe indio. Aunque debo mencionar que yo tenía mis serias dudas de si iba a encontrar a tal jefe y en caso de
encontrarlo seguramente me tomaría por tele-adicta!, ya que la situación que me planteaba María Inés solo la había visto en películas
americanas…
Pregunté por el jefe y para mi asombro me dijeron que esperara que él
vendría. Y vino nomás…
Me
presenté, le dije
que era amiga de María Inés y todo lo que ella me había dicho, le di una bolsa con carne,
leche, ron y cigarrillos. El jefe sonrió y me
dijo que no me preocupara, que me quedara en la isla el tiempo que
quisiera, que nadie me iba a molestar y que por las noches estaría
cuidada. En
efecto, pasé cuatro días maravillosos tratando de relajarme después de tanto trabajo en el Ithaca y mentalizándome para el cruce del
Atlántico. Practiqué snorkel, tomé sol, leí mucho, tuve charlas increíbles con el
jefe, conocí a otros navegantes que pasaron por allí,
pesqué bastante…
Visto a la distancia, cualquiera podría pensar que me arriesgué…, y si…, lo hice en cierta medida… Desde que salí de Buenos Aires que
lo vengo haciendo, aunque siempre tratando de tomar el menor riesgo
posible.
Cuando recién había zarpado mis pensamientos eran diferentes a lo que
tengo hoy, las vivencias me han cambiado un poco y también creo que he aprendido y lo sigo haciendo, acerca de en quién puedo o no confiar.
Le creí a aquel jefe
indio porque ya me había sucedido algo parecido en Salvador de Bahía, en Ia isla de
Ithaparica. Yo le había comentado al hombre que
atendía la barraca en la playa, que no me animaba a quedarme fondeada sola por las
noches. El hombre de raza negra, enorme, con una
cara de bueno increíble y con la voz pausada de quien no tiene prisa porque sabe que todo llega a su
tiempo, me dijo que no tuviera miedo
que él se encargaría de cuidarme… Lo dijo con tanta seguridad, mostrando los dientes blancos en su gran sonrisa
bonachona, que no tuve
mas remedio que creerle. Jamás tuve un solo problema allí, como no lo tuve en ningún otro lugar
tampoco!!!
El hecho de viajar sola en barco no resultó peligroso en absoluto,
aunque siempre cuidando cada detalle, no era cuestión de meterse en cualquier lugar. Siempre tomé la precaución de averiguar lo más
posible sobre cada sitio a visitar. Y los consejos de los navegantes fueron fundamentales para cada nuevo recorrido...
Pero volviendo a
Venezuela, allí me divertí en el Carnaval, ví iguanas en los parques con gente caminando alrededor tan despreocupadas y habituadas a
las mismas como si se tratase de pájaros.
Navegué por los canales de Lechería, el barrio donde cada casa tiene su amarra. Ví infinidad de fuegos artificiales, en Venezuela la
gente está siempre de fiesta como en Brasil.
El 19 de Marzo de este año, festejé el haber cumplido un año de navegación con el
Ithaquita. Felu me vino a visitar junto con su señora y
por la noche hice un asado en el barco que compartimos con varios
navegantes. Compartí cumpleaños y diferentes festejos…
Cambié los discos de
transmisión de la caja con la ayuda de un mecánico francés, Robin, que no me cobró un solo peso. Pero previamente Felu y el Colo se
movieron para conseguir un tornero que pudiera hacer los discos, ya que no encontraba repuestos originales para la
caja.
El suizo, Phillipe, me regaló la cocina de inox a querosene y me ayudó con la instalación eléctrica del motor.
Los integrantes de los dos turnos de los barcos de prácticos me ayudaron a sacar el timón
nuevamente, para cambiarle los bujes que había
puesto en Brasil. El material al no ser “Delrin” se hinchó y el timón quedó tan aprisionado que no lo podía mover y costo muchísimo
sacarlo. El trabajo lo realizamos a las 2 de la mañana!!!
Mil gracias a todos los que de una manera u otra me dieron una mano en
Venezuela:
Felu, su señora Pili, y todos sus amigos (Colo, Pancho, el cubano, y tantos otros que no recuerdo los nombres…); María
Inés, que además
me presentó a sus amigos y la pasé bárbaro; al Ministro de la Embajada Argentina, Carlos Riva; a Susana su
secretaria; a Jorge Vázquez,
profesor de tango; a todo el staff de la empresa SIDOR; a los medios de comunicación que difundieron el “Proyecto Ithaca”; al Comodoro
de la Marina Puerto La Cruz; a los integrantes del servicio de Prácticos de
PLC; a Phillipe (suizo), Claude (francés), Robin , Karina,
Phillipe (francés), Pedro, Claude (belga), Danielle, Natalie, Jazmin,
Daniela, Carlos, Christiane, Roland, Claude (norteamericano), John,
Richard, Constance, Joan Antoni, Laura, Ivan, Orangel, Peter…
Llegó Abril, el mes que estaba esperando para subir hasta alguna isla del Caribe y usarla
de punto de partida para atravesar el Atlántico. El siguiente tramo tendrá un ingrediente especial, ya que me reencontraré con Miryam
y ambas cruzaremos el Océano Atlántico. Pero esa es otra historia...
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