DIARIO DE ABORDO


 

 

 

 

 

 

 



 

  20/01/06 De Margarita a Puerto La Cruz (Venezuela)

Cuando íbamos llegando a Margarita unas nubes muy negras comenzaron a cubrir todo el cielo. Las nubes traían mucha lluvia e íbamos viendo cómo, lentamente, desaparecía toda la isla de nuestra visión. Estábamos a pocas millas y no queríamos que la noche nos tomara fuera del fondeadero por temor a la piratería.

El GPS una vez mas era quien nos indicaba el rumbo. En un momento Alberto me preguntó por qué no acortamos camino, separándonos del waypoint establecido, que a luz vista nos alejaba del punto. Recuerdo que tuvimos una pequeña discusión al respecto. Yo le dije que siempre que es de noche o no hay visibilidad me apego a lo que marca el GPS. Él me decía que por qué no cambiábamos el rumbo, que uno tiene que tomar decisiones sobre la marcha. Por un lado le dije que tenía razón pero por otro yo contestaba que no teníamos buena visibilidad y que la ruta la había marcado estando en la amarra, sin cansancio y atenta a todos los peligros e indicaciones que me marcaban tanto la carta de papel como las digitales y derroteros. Pero no podía decirle por qué nos estábamos abriendo del rumbo, no recordaba por qué había puesto ese waypoint ahí… Pero la experiencia me indica que siempre que no tenga visibilidad, ni radar, tengo que confiar en la posición y rumbo que me da el GPS, aunque la razón indique lo contrario.

Al poco tiempo el cielo comenzó a abrirse y algunos rayos de sol se filtraron entre las nubes, uno de ellos cayó pleno sobre una gran piedra que se alzaba entre la bruma.

Era eso, yo no lo recordaba en el momento, pero en cuanto la ví recordé que la piedra estaba marcada en la carta digital, que era de menor escala que mi carta de papel, y recordé que ese fue el motivo de haber puesto un waypoint mas abierto!!! Si hubiéramos acortado camino probablemente hubiéramos chocado con ella…

Al llegar a la Bahía Porlamar, en la Isla Margarita quisimos entrar en alguna marina pero todas estaban completas, por tal motivo  fondeamos en Porlamar. Había unos 30 barcos pero ambos estábamos algo nerviosos porque habíamos leído en una página web muy confiable (www.noonsite.com), que pocos días atrás un velero fondeado en el mismo lugar había sigo atracado por piratas, en el medio de una multitud de barcos.

Como Alberto ya había sacado su pasaje para regresar a Neuquén, estábamos apurados por llegar a Puerto La Cruz con tiempo suficiente para realizar los trámites de entrada y para que él pudiera tomar el avión en Caracas.

Partimos de Porlamar al día siguiente por la mañana, nuevamente queríamos evitar navegar de noche. Al las dos horas de salir la temperatura del agua del motor comenzó a subir hasta llegar a la zona crítica del indicador de temperatura. Tuve que apagar el motor para evitar males mayores pero no lograba explicarme cuál era la causa de la subida de temperatura. Había muy poco viento, pero por suerte éste venía de popa. Pusimos las velas en oreja de burro, el día estaba completamente soleado y cálido. Pudimos disfrutar la navegación con una leve brisa, prácticamente nada de olas y los delfines que venían a nuestro encuentro completaban una pintura del Caribe como nos la habíamos imaginado. Al correr la tarde el viento comenzó a soplar mas fuerte y nosotros seguíamos a oreja de burro pero a ocho nudos!!!

Alberto iba a timón divirtiéndose y aprovechando cada momento puesto que esa sería la última navegada en el Ithaca.

A pesar de que no era nuestra intención llegamos de noche a Puerto La Cruz, seguíamos a oreja de burro y a ocho nudos, estábamos tan entusiasmados disfrutando la navegación que fue la primera y la única vez, en todo el recorrido, que me pasé un waypoint!!!

Inmediatamente viramos y comenzamos a buscar la marina, las luces de la ciudad eran muy potentes y nos encandilaban. Yo me fui a proa y le iba diciendo a los gritos a Alberto cuál era la maniobra a seguir.


Clickeá en la foto

De pronto divisamos la marina y al tratar de entrar casi chocamos con una escollera rota que no tiene ningún tipo de señalización, la ví a último momento. Divisada la marina, nuevamente los navegantes que allçe se encontraban comenzaron a gritarnos para ayudarnos a atracar, nos indicaban dónde teníamos un lugar y por dónde debíamos ir.

Cuando bajamos del barco una docena de personas nos dieron la bienvenida, muy pocas en español y la mayoría en francés. Habíamos llegado a Puerto La Cruz, Venezuela y el 85% de los navegantes eran franceses!!!

Una vez mas habíamos llegado de noche…, una vez más habíamos llegado a puerto… y eso era para festejar!!!! Nos bañamos y nos fuimos con Alberto a cenar a una restaurante chino.

Al día siguiente hicimos los trámites de entrada a Venezuela. Ya nos habían pasado el dato de que la entrada a Venezuela no se podía hacer personalmente, que había que tramitarla con un gestor. Si una la hacia personalmente el pedido de coima era increíble y la pérdida de tiempo superior. Por lo que contratamos a una gestora que nos cobró 85 dólares por los trámites de los dos.

Esto fue cuando entramos. Me quedé en Puerto La Cruz tres meses, la reglamentación de entrada y salida del país cambió en ese tiempo y las autoridades venezolanas, acertadamente, instalaron una oficina en Puerto La Cruz, al lado del ferry, donde cualquier persona que entre o salga del país con una embarcación puede realizar todos los trámites personalmente y en la misma oficina, a saber: migraciones, aduana, capitanía y sanidad. Sólo tuve que pagar al irme una estampilla que debía comprar en el correo.

Alberto partió para Caracas al día siguiente. Mil gracias Alberto por haber sido un tripulante fantástico, por compartir experiencias y por haberme hecho el aguante hasta llegar a Puerto La Cruz!!!!!!

Nuevamente me quedaba sola (Patricia), con el Ithaquita. Había elegido Venezuela como lugar para quedarme los tres meses previos al cruce del Atlántico. La elección se debió a varios motivos, primero Felu me había estado enviando mucha información sobre Venezuela, sus lugares, sus costos y conversamos mucho sobre la piratería; segundo, había conocido en Salvador de Bahía a María Inés, una venezolana que estaba terminando su vuelta al mundo acompañada de su marido inglés y ella también me había hablado maravillas de Venezuela; el tercer motivo fue por el idioma, yo debía poner en condiciones al Ithaca para el cruce del Atlántico, sabía que tenía trabajo por hacer y quería poder comunicarme bien y el cuarto y no menos importante motivo fue el factor económico. Absolutamente todo cuesta mucho mas barato en Venezuela que en cualquier isla del Caribe, además la isla Margarita es zona libre de impuestos…

Como dije, me quedé tres meses en Venezuela, tres meses intensos en el corazón del caribe…, pero esa es otra historia…

 


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