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Cuando íbamos llegando a Margarita unas nubes muy negras
comenzaron a cubrir todo el cielo. Las nubes traían
mucha lluvia e íbamos viendo cómo, lentamente,
desaparecía toda la isla de nuestra visión. Estábamos a
pocas millas y no queríamos que la noche nos tomara
fuera del fondeadero por temor a la piratería.
El GPS una vez mas era quien nos indicaba el rumbo. En
un momento Alberto me preguntó por qué no acortamos
camino, separándonos del waypoint establecido, que a luz
vista nos alejaba del punto. Recuerdo que tuvimos una
pequeña discusión al respecto. Yo le dije que siempre
que es de noche o no hay visibilidad me apego a lo que
marca el GPS. Él me decía que por qué no cambiábamos el
rumbo, que uno tiene que tomar decisiones sobre la
marcha. Por un lado le dije que tenía razón pero por
otro yo contestaba que no teníamos buena visibilidad y
que la ruta la había marcado estando en la amarra, sin
cansancio y atenta a todos los peligros e indicaciones
que me marcaban tanto la carta de papel como las
digitales y derroteros. Pero no podía decirle por qué
nos estábamos abriendo del rumbo, no recordaba por qué
había puesto ese waypoint ahí… Pero la experiencia me
indica que siempre que no tenga visibilidad, ni radar,
tengo que confiar en la posición y rumbo que me da el
GPS, aunque la razón indique lo contrario.
Al poco tiempo el cielo comenzó a abrirse y algunos
rayos de sol se filtraron entre las nubes, uno de ellos
cayó pleno sobre una gran piedra que se alzaba entre la
bruma.
Era eso, yo no lo recordaba en el momento, pero en
cuanto la ví recordé que la piedra estaba marcada en la
carta digital, que era de menor escala que mi carta de
papel, y recordé que ese fue el motivo de haber puesto
un waypoint mas abierto!!! Si hubiéramos acortado camino
probablemente hubiéramos chocado con ella…
Al llegar a la Bahía Porlamar, en la Isla Margarita
quisimos entrar en alguna marina pero todas estaban
completas, por tal motivo fondeamos en Porlamar.
Había unos 30 barcos pero ambos estábamos algo nerviosos
porque habíamos leído en una página web muy confiable (www.noonsite.com),
que pocos días atrás un velero fondeado en el mismo
lugar había sigo atracado por piratas, en el medio de
una multitud de barcos.
Como Alberto ya había sacado su pasaje para regresar a
Neuquén, estábamos apurados por llegar a Puerto La Cruz
con tiempo suficiente para realizar los trámites de
entrada y para que él pudiera tomar el avión en Caracas.
Partimos de Porlamar al día siguiente por la mañana,
nuevamente queríamos evitar navegar de noche. Al las dos
horas de salir la temperatura del agua del motor comenzó
a subir hasta llegar a la zona crítica del indicador de
temperatura. Tuve que apagar el motor para evitar males
mayores pero no lograba explicarme cuál era la causa de
la subida de temperatura. Había muy poco viento, pero
por suerte éste venía de popa. Pusimos las velas en
oreja de burro, el día estaba completamente soleado y
cálido. Pudimos disfrutar la navegación con una leve
brisa, prácticamente nada de olas y los delfines que
venían a nuestro encuentro completaban una pintura del
Caribe como nos la habíamos imaginado. Al correr la
tarde el viento comenzó a soplar mas fuerte y nosotros
seguíamos a oreja de burro pero a ocho nudos!!!
Alberto iba a timón divirtiéndose y aprovechando cada
momento puesto que esa sería la última navegada en el
Ithaca.
A pesar de que no era nuestra intención llegamos de
noche a Puerto La Cruz, seguíamos a oreja de burro y a
ocho nudos, estábamos tan entusiasmados disfrutando la
navegación que fue la primera y la única vez, en todo el
recorrido, que me pasé un waypoint!!!
Inmediatamente viramos y comenzamos a buscar la marina,
las luces de la ciudad eran muy potentes y nos
encandilaban. Yo me fui a proa y le iba diciendo a los
gritos a Alberto cuál era la maniobra a seguir. |
 Clickeá en la foto
De pronto divisamos la marina y al tratar de entrar casi
chocamos con una escollera rota que no tiene ningún tipo
de señalización, la ví a último momento. Divisada la
marina, nuevamente los navegantes que allçe se
encontraban comenzaron a gritarnos
para ayudarnos a atracar, nos indicaban dónde teníamos
un lugar y por dónde debíamos ir.
Cuando bajamos del barco una docena de personas nos
dieron la bienvenida, muy pocas en español y la mayoría
en francés. Habíamos llegado a Puerto La Cruz, Venezuela
y el 85% de los navegantes eran franceses!!!
Una vez mas habíamos llegado de noche…, una vez más
habíamos llegado a puerto… y eso era para festejar!!!!
Nos bañamos y nos fuimos con Alberto a cenar a una
restaurante chino.
Al día siguiente hicimos los trámites de entrada a
Venezuela. Ya nos habían pasado el dato de que la
entrada a Venezuela no se podía hacer personalmente, que
había que tramitarla con un gestor. Si una la hacia
personalmente el pedido de coima era increíble y la
pérdida de tiempo superior. Por lo que contratamos a una
gestora que nos cobró 85 dólares por los trámites de los
dos.
Esto fue cuando entramos. Me quedé en Puerto La Cruz
tres meses, la reglamentación de entrada y salida del
país cambió en ese tiempo y las autoridades venezolanas,
acertadamente, instalaron una oficina en Puerto La Cruz,
al lado del ferry, donde cualquier persona que entre o
salga del país con una embarcación puede realizar todos
los trámites personalmente y en la misma oficina, a
saber: migraciones, aduana, capitanía y sanidad. Sólo
tuve que pagar al irme una estampilla que debía comprar
en el correo.
Alberto partió para Caracas al día siguiente. Mil
gracias Alberto por haber sido un tripulante fantástico,
por compartir experiencias y por haberme hecho el
aguante hasta llegar a Puerto La Cruz!!!!!!
Nuevamente me quedaba sola (Patricia), con el Ithaquita. Había
elegido Venezuela como lugar para quedarme los tres
meses previos al cruce del Atlántico. La elección se
debió a varios motivos, primero Felu me había estado
enviando mucha información sobre Venezuela, sus lugares,
sus costos y conversamos mucho sobre la piratería;
segundo, había conocido en Salvador de Bahía a María
Inés, una venezolana que estaba terminando su vuelta al
mundo acompañada de su marido inglés y ella también me
había hablado maravillas de Venezuela; el tercer motivo
fue por el idioma, yo debía poner en condiciones al
Ithaca para el cruce del Atlántico, sabía que tenía
trabajo por hacer y quería poder comunicarme bien y el
cuarto y no menos importante motivo fue el factor
económico. Absolutamente todo cuesta mucho mas barato en
Venezuela que en cualquier isla del Caribe, además la
isla Margarita es zona libre de impuestos…
Como dije, me quedé tres meses en Venezuela, tres meses
intensos en el corazón del caribe…, pero esa es otra
historia…
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