Salvador de Bahía era una meta para mi. Me habían hablado mucho de esta ciudad, de su gente, sus costumbres, sus comidas. Pero yo no podía darme una idea cabal de lo que me decían sencillamente porque no podía imaginarlo! Salvador es la música misma. Permanentemente se escuchan los sonidos de los carimbos, cuicas, berimbaum, e instrumentos locales. Parten de las calles, de las veredas, del mar, de cada esquina, de los cafeteros, de los bares, del pueblo. Al principio llama la atención, luego, simplemente pasa a ser el sonido de Bahía. Es una voz que susurra, que está ahí omnipresente para quien la quiera oir. Dicen que Bahía tiene 365 iglesias, una para cada día del año. Así como Angra dos Reis, tiene 365 islas. No sé si una cosa o la otra serán ciertas, pero una no puede dejar de pararse en una esquina, girar la cabeza, y descubrir por lo menos cuatro iglesias, desde el punto de la ciudad donde se encuentre. En mi amarra, cuando llegué conté siete iglesias, que se alzan sobre las casas. Sin embargo una duda me asalta, y no he podido dilucidarla. Por qué Bahía con tanta cantidad de iglesias, con tanta cantidad de cultos convive con una población tan numerosa de prostitutas y ladrones que pululan por sus calles angostas, coloridas y empedradas? Qué los llevó a construir tantas iglesias, tan cercanas unas a las otras? Supongo que la entrada al país de diferentes cultos habrá sido un desafío increíble para la religión católica, que levantó sus templos sin cesar en este paraíso terrenal. La mezcla de culturas: portugueses, africanos, brasileros y hasta de oriente ha hecho de Bahía una ciudad muy particular. Colorida, olorosa, alegre, musical. Bahía es música, pero también es aceite de dendé. El olor a ese aceite flota por el lugar, casi toda la comida bahiana está impregnada con él. Así como Río de Janeiro huele a "asado", brochettes de carne de buey, pollo o cerdo, que se venden en las calles de la misma forma que en Argentina se venden panchos o choripanes, Florianópolis huele a milho verde y Salvador a acarajé. El acarajé es una bola de arroz frita en aceite de dendé, que las Bahianas cortan y untan con camarón frito, una especie de salsa criolla, pero extremadamente picante, y pasta de berenjenas. Por donde quiera uno que vaya ese olor lo persigue. Es el olor de Salvador. Aquí todo es una fiesta, todo es motivo de celebración. Cuando ingresé a Bahía estaban celebrando la fiesta de Sao Joao, luego la fiesta de la Independencia de Brasil, anoche festejaron otra cosa. Ya no sé qué festejan, no sé si ellos mismos lo saben. Lo cierto es que están permanentemente de fiesta! Por todos lados se escuchan cohetes tronando, gritos de brindis, música, risas, conjugado con el baile. Ufffff, el baile es todo un tema!. Esos cuerpos maravillosos que ví en Bahía como no los he visto en otro lugar de Brasil, esbeltos, finos, morenos, fibrosos, de hombres y mujeres, se mueven con una gracia inusual para los ojos del visitante. Bailan cuando caminan, seducen cuando caminan y van por la vida así tan naturalmente. Sus gestos y sus movimientos son acompasados. Serán concientes de ello? Es un deleite verlos moverse. Desde el capoeira, mezcla de lucha con danza, hasta el movimiento rítmico de las caderas y de los pies, todo es música. Una noche salí con dos franceses, compañeros de amarra en la marina a tomar unas cervezas. Terminamos en el medio del pulmón de una manzana, en un boliche de donde salían sonidos afro-brasileros. Mucha gente local, algunos turistas. Todos tomando cerveza, sin escucharse los unos a los otros, pero todos con una sonrisa enorme. |
 Clickea en la foto Yo miraba todo embelezada, y esa música tan rítmica, contagiosa!, que es una pesadilla para quien no posee el don del movimiento y menos de combinar dos pasos seguidos, pero tan hermosa a la vez.
Qué hacía yo ahí? Yo, que no soy capaz de bailar ni el “arroz con leche”. Yo, que llevo el designio de ser latinoamericana, y por ende, del movimiento caliente. Yo estaba en la noche bahiana, en la ciudad de la música y el ritmo! Mis compañeros franceses no entendían cómo podía existir una Latinoamérica sin ritmo! Cómo explicar lo inexplicable! Me resigné a las miradas de horror, como siempre en mi vida, cada vez que estuve en una situación semejante, y traté de disfrutarlo todo… De a poco el sonido comienza a entrar por los pies sin siquiera habérselo una propuesto, luego por las piernas y cuando una menos se lo espera, ya se apoderó de tus caderas! Con una caipirinha mediante y el constante bhum, bhum de la música estás lista!. Caíste en las garras de Bahía! Ya no importa si se sabe bailar o no, todo tiene el mismo vaivén, la gente, los movimientos, la música, las sonrisas, los gritos, y se penetra, poco a poco, en ese mar uniforme que se agita acompasadamente, con la plena convicción de ser el humano mas feliz de la tierra. Solo eso se necesita en Bahía…, música…, y estás en el paraíso!!!! De Abril a Octubre es la temporada de lluvias en esta región, y bien que se nota. Diluvia constantemente, pero la temperatura no baja de los 19 grados. Ayer por la tardecita fui a pasear por el Pelourinho, es el centro histórico de Salvador, todo colonial, patrimonio de la Humanidad. Por supuesto llovía, pero la gente sale igual, porque cae tanta agua, que hay que acostumbrarse a convivir con ella. En mi paseo me encontré con que habían removido una estatua! La gran estatua erigida en Plaza da Cé, en honor a quien fuera el primer Gobernador General y Capitán General de Bahía, Thomé de Souza, ya no estaba en su lugar. Ese monumento aparece en la guías turísticas, pero ya no estaba allí. Se veía en el piso los restos de la gran piedra de granito que era base del monumento y los restos de piedra, socavados a puro cincel. Seguí caminando y asistí al armado de un imponente escenario en otra de las plazas, para festejar no sé que cosa. Con sorpresa me dí cuenta que al costado del escenario, unos obreros trabajaban afanosamente en un nuevo pedestal para la gran estatua del Gobernador! La habían cambiado de lugar, así sin más, porque el escenario les quedaba lejos! Me quedé sin palabras… Horas mas tarde, volví a pasar por el mismo lugar y una orquesta de cámara estaba tocando, en el escenario, bajo la lluvia y ante cientos de oyentes el concierto de Aranjuez! Ninguno se movía, ni músicos, ni espectadores. La lluvia era diluvio y la música no dejaba de sonar en esta Bahía emblemática. Ahhh, Brasil maravillooosoooooo!!!! PD: Escribí esta nota mientras estaba en Salvador, hoy me encuentro en Buenos Aires a la espera de que finalice la temporada de huracanes, pronto continuaremos el viaje... |