A la madrugada tomé el avión que me llevaría de Buenos Aires a Salvador. Al acercarnos al aeropuerto de Salvador sobrevolamos el Centro Náutico Bahía y desde allí arriba pude distinguir al Ithaquita!!! Que alegría!!! Ya pronto nos encontraríamos cara a cara. Del aeropuerto tomé un taxi que me hizo recorrer calles conocidas, comenzaba a reencontrarme con Bahía. Al llegar a la marina, mi sonrisa ya se dibujaba en el rostro, el corazón palpitaba fuerte. En todo el tiempo que llevó la construcción del Ithaca nunca lo habíamos dejado solo, por lo cual me sentí muy culpable al dejarlo en estos meses. La gente de la marina me recibió como si regresase a casa, tenían razón, mi hogar, desde que partí, es el Ithaca! Bajé a la marina con mi mochila a cuestas, saludando a los tripulantes de los otros barcos, y por fin…. estuve frente al Ithaca! Le guiñé un ojo y le acaricié la nariz, perdón…, el púlpito. No sé si podré transmitir lo que sentí al verlo, alegría por encontrarlo bien, urgencia por verlo por adentro. Solté la mochila y subí inmediatamente, cuando estuve arriba, mas tranquila, comencé a hablarle, a decirle cuánto lo había extrañado, mientras pasaba la mano con cuidado amoroso por sus obenques, carroza, guardaman-cebos… Cuando entré me quedé realmente satisfecha. El Ithaquita estaba en perfectas condiciones. Todo estaba tal cual yo lo había dejado. Solo tuve que sacar un vaso de agua de la sentina producto del goteo del prensa estopa. Por lo demás todo estaba en orden. No había olor a humedad, vaya uno a saber por qué, ya que había dejado absolutamente todo cerrado, salvo las tomas de aire. Luego de un rato bajé para recuperar mi mochila que había quedado en el medio de la marina y lo veo venir a Loise, un francés que pensé que ya se había ido para el norte, con su barco también de acero anaranjado y cubierta amarilla, apenas me vió abrió sus brazos y nos abrazamos como si nos conociésemos de siempre, y en seguida me dijo, en su francés-español: “¡vamos a beber, hay que festejar!”, y para allá fuimos. En este tiempo de navegación aprendí que los vecinos de amarra y aquellos con quienes compartis un tramo del recorrido pasan a ser tu familia momentánea. Ellos se preocupan por una y una por ellos como si fuésemos amigos de toda la vida. Así me enteré de la situación depresiva que estaba pasando Loise y me preocupé por él… Hoy estaba tan bonito el día que me fui a caminar por ahí con la excusa de ir al súper, a reconocer Bahía, a mirarla con otros ojos. Me animé a pasar por lugares donde antes no pude, saberse familiar da mas seguridad. Llegando al súper caminé por la costanera, decenas de personas estaban tomando sol y bañándose en el mar, mientras enfrente otras tantas personas andaban presurosas, por causa de sus trabajos, bajo el sol abrumador. No me canso de ver a hombres y mujeres moverse. Realmente me hipnotizan, se mueven con tanta gracia y sensualidad!. Los hombres, la mayoría con el torso desnudo en plena ciudad, y las mujeres con minis y apenas un trapito arriba. Cómo no va a haber tantos niños por ahí en Bahía, el sexo se huele en el aire, se siente en cada mirada, en cada roce constante, en cada gesto, en la caricia del sol que unifica a todos por igual. Los bahianos están acostumbrados a estar pegados, muy juntos los unos a los otros, no les molesta a pesar del calor, es natural en ellos. Estos contrastes tiene Bahía… Al llegar nuevamente a la marina, me percaté de la música de Bahía. El Pelourinho sigue de fiesta. Cuando llegué con el Ithaca estaba de fiesta, me fui y seguía de fiesta, esta noche parece que van a tirar la casa por la ventana…., y yo con un grupo de navegantes de la marina estaré allí, viviendo la fiesta en el corazón de Bahía… Isla de Itaparica: Por la mañana del viernes solté amarras para dirigirme a la isla de Itaparica, distante solo 11 millas de la ciudad de Salvador. Un rato antes me había dirigido a la rampa al lado del Mercado Modelo para pedirle consejo a los pescadores acerca de los inconvenientes que pudiera tener en la recalada. Muy atentos me contaron sus secretos. Salí, como siempre a motor y después icé sólo la mayor. La navegación hasta la isla fue realmente placentera, atenta a los escunas de turismo, a los buques que por allí fondean y a los prácticos. Faltando poco para llegar un chubasco intenso, anunciado desde mi salida por poderosas nubes negras bautizó nuestra primera salida con el Ithaquita. después de tres meses de estar parados. Ya me habían contado los pescadores acerca de esas nubes negras, y como siempre, tenían razón, fue sólo un chubasco. |
 Clickea en la foto La llegada a Itaparica la calculé con marea alta, de otro modo no podría entrar. Hay un pequeño canal que se dirige a la marina, pero a ambos lados sendos bancos de arena son un dolor de cabeza para muchos navegantes. También lo son la cantidad de señales que hay en la entrada: postes, palos, balizas, tambores, plataformas, todo de distinto color y tamaño. Realmente confunden al primer impacto, pero por suerte todo se ve desde bastante lejos, por lo que es posible estudiar bien la situación y familiarizarse con los obstáculos, siempre a marcha muy lenta. Itaparica Marina tiene todos los servicios de una buena marina y en la isla es posible encontrar casi cualquier cosa que necesite el barco. Es una sucursal del Centro Náutico Bahía, en Salvador, por lo que los precios son iguales y muy accesibles. Mi portugués va mejorando lentamente, y me estoy reencontrando con el francés. Son muchísimos los franceses que hay por aquí, luego le siguen los alemanes, y después distintos europeos: italianos, holandeses, belgas, austríacos y muy pocos ingleses. Ningún norteamericano. Compañía abordo: Mis días de navegante solitaria tienen un respiro, ahora somos tres abordo, Ariel Raimondi, cordobés y Alberto Rocamora, neuquino, se sumaron para realizar unas piernas en el Ithaquita. Después de duros días de trabajo en el barco, en los que los noveles tripulantes participaron hasta el cansancio, decidimos partir para Maceió. Yo estoy acostumbrada a todo aquello que le pueda faltar al barco, dándole preferencia a la navegación y no tanto a las comodidades. Luego de tantos años de trabajo en el barco sólo quería partir, en cambio Alberto necesitaba encontrar un orden adecuado para él que por cierto el Ithaquita no poseía hasta este momento, por lo que fue principalmente él quien se ocupó de varios de estos detalles, mientras que Ariel no paraba de tirar ideas para mejorar o facilitar alguna labor y ponía manos a la obra. Para Maceió partimos… El primer día de navegación estuvo duro, no por las condiciones meteorológicas sino porque todos estábamos fuera de training. El mar estaba muy movido. Alberto se descompuso totalmente, Ariel estaba a mil y yo estaba 8 de 10 puntos, por lo que decidimos volver y tomar las cosas con mas calma. El viento duro de ceñida nos golpeó y nos hizo recordar que esto es el mar y con él no se juega. Volvimos a salir al día siguiente. Y esta vez la cosa se dio vuelta. Alberto se sintió muy bien el primer día pero Ariel estaba en la lona, y yo seguía 8 de 10. El segundo día fue mas duro aún, ninguno de mis tripulantes comía, mientras que yo me llevaba a la panza lo que se me cruzara. Sé muy bien que para evitar el mareo tengo que obligarme a comer, así se los hacía saber pero esto es un círculo vicioso. El mareo te quita de a poco el hambre y sin comida la descompostura es peor. Decidí tomar el toro por las astas, así que hicimos una reunión en el cockpit y plantée la posibilidad de volver. Alberto lo tomó como un fracaso y para Ariel fue un punzón para ponerse las pilas y comenzar a comer. Decidimos en la reunión que cada uno se obligaría a comer para poder sentirse mejor, sino la cosa no funcionaría. Yo era bien conciente de que se me complicaría seguir adelante con dos personas en mal estado. Todos nos arengamos en forma de equipo, realmente nos movilizó lo conversado. La charla pareció surtir efecto, pues todos nos comimos un arroz realmente feo que cocinó Alberto con su mejor intención y ese fue el comienzo del bienestar. El tercer día lo pudimos disfrutar plenamente y al cuarto día habíamos arribado a Maceió, nuestro primer puerto como equipo, como tripulación, logramos pasar una dura prueba. Como dijo Ariel, formamos la tripulación mas loca de Brasil! |