DIARIO DE ABORDO


 

 

 

 

 

 



 

14/01/06 De Luis Correa a Trinidad (Cruce del Ecuador)

Nos despedimos de todos los nuevos amigos que hicimos en Luis Correa y partimos por la mañana. Estábamos muy contentos de navegar hacia Trinidad, este viaje lo esperábamos hacía rato y la sensación de viaje frustrado que nos había dejado el inconveniente con el timón nos hacía desear aún mas la zarpada.

Como ya mencioné, este tramo traía nuevos desafíos:

Primero, el cruce del Ecuador nos mantenía muy expectantes. Es un hito para todo navegante y nosotros estábamos a solo dos días de lograrlo.

Segundo, yo había calculado que este tramo nos insumiría unos 12 ó 14 días, según se comportara el viento y la corriente, por lo que había que tomar los recaudos correspondientes.

Tercero, entramos definitivamente en la zona de One Way, de ninguna manera había marcha atrás. De aquí en adelante sólo nos quedaba avanzar o, si había algún inconveniente, tocar tierra pero siempre navegando hacia adelante. Me dijeron que si la meteorología nos acompañaba tratemos de no parar por ningún motivo, aprovechando para tener una linda navegación.

Cuarto, navegaríamos con los tan soñados Alisios. La información que recavé fue que se podían poner muy duros, y el viento es constante de entre 20 a 35 nudos. Nuevamente veríamos qué nos depararía el futuro…

Del cuaderno de bitácora: Las primeras horas y millas son muy agradables, el Ithaca se desplaza a una velocidad promedio de 6.5 nudos, mientras que de a ratos subimos a 7 y 8 nudos. El viento es de 15 nudos del NE.

Desde que salimos sólo vimos un buque, ningún pesquero, cosa que nos parece extraño.

A las 18:55 hs. del 3 de Enero (2006), cruzamos la línea del Ecuador!!! Festejamos semejante hito con una picada y champagne. Un traguito para Poseidón, otro para el Ithaquita, otro para Eolo, otro para Miryam, otro para toda la tripu que nos acompaña: amigos, los integrantes NpM, seres queridos y por fin, el resto para Alberto y para mi, no mucho porque no me gusta beber alcohol en navegación.

Estuve mirando en el GPS como decrecía la latitud para estar atenta y sacar una foto cuando llegara a 0º 00´ 00. Navegábamos a 7 nudos, por lo que el GPS pasó la línea tan velozmente que no me dio tiempo a tomar la foto en el instante preciso! En algún momento lo volveremos a cruzar…

Contrariamente a lo que dicen los libros y lo que habíamos averiguado, no tuvimos calmas. Nuestro ritmo es veloz y así queremos continuar.

Por las tardes las olas aumentan de tamaño y el viento se intensifica, pero la navegación no deja de ser placentera…

En realidad esta afirmación es muy subjetiva, es placentera para mi, pero Alberto está un poco sorprendido porque nunca había navegado en olas tan grandes, tan lejos de la costa (estamos buscando las 300 millas para alejarnos de la desembocadura del Amazonas) y con semejante movimiento. Algunas veces las tandas de olas se encuentran con otras cruzadas y el movimiento es incómodo.

La navegación subiendo la costa de Brasil fue tan dura, con corriente y viento en contra que ésta navegada, por ahora, me parece ideal!!!

Al anochecer del quinto día Alberto comienza a vigilar unas nubes que se están agrupando y poniéndose cada vez mas negras. Termina su guardia sin novedad. En la mía las nubes ya lo cubren todo, son terriblemente negras. Me siento en el balcón del Ithaca y contemplo cómo vamos avanzando hacia la boca del lobo… A nuestra popa está todo estrellado…, en el frente solo puedo distinguir una pared negra que todo lo cubre.

La silueta del Ithaquita se recorta contra esa pared horriblemente oscura y me pongo a dibujar esa imagen en un cuaderno, la vista es sobrecogedora. El Ithaca iluminado por la luna y la oscuridad total al frente. A esta altura ya me hice a la idea de que pasaremos por nuestro primer temporal de lluvia, truenos y una seguidilla de rachas violentas.

Es noche cerrada. Dos pájaros se pelean para posarse en el domo del radar, ninguno de los dos lo consigue. Estamos en la calma previa a la tormenta y la llegada de los pájaros no me parece de buen augurio, me inquieto. Uno de ellos se posa, el otro es desplazado por el primero que con chillidos y aleteos insistentes no lo deja tocar el radar

Lo despierto a Alberto para su guardia y justo cuando estoy por acostarme la lluvia se desata. No hay nada que hacer, estamos inmersos en una negrura abrumadora. Lo veo en la cara de Alberto y lo vería también en la mía si no fuera porque ya pasé por noches parecidas anteriormente. Esta noche me recuerda a mi primera oscuridad intensa en navegación, pero ésta se lleva las palmas, es la noche mas negra que he visto en mi vida.

Las rachas con fuerte viento comienzan, ya no estamos encalmados. El Ithaca va a 8 nudos, la lluvia es tan intensa que no vemos siquiera la proa del barco. Achico paño, vigilo el timón de viento y no hay nada más para hacer.., bueno, quizás si…, una lavada de cabeza no me vendría nada mal, puesto que con las maniobras de las velas estoy totalmente empapada. Me lavo la cabeza con la lluvia torrencial, que delicia!! Alberto mientras tanto se va acostumbrando al nuevo paisaje oscuro y yo sigo con mi tarea del lavado del cabello para demostrarle que no hay nada a qué temerle…, mientras pienso en que todavía no hemos visto ningún buque…, ojalá no nos crucemos precisamente ahora con ninguno…

La lluvia, los truenos y las rachas pasan y nos quedamos en una calma increíble dentro de la negrura. El timón de viento ya no puede manejar al Ithaca que apenas avanza a un nudo. No me animo a levantar mucha vela por temor a las rachas fuertes que ingresan sin ningún tipo de aviso. Llega la madrugada…, todo se ve distinto. El viento comienza a subir lentamente junto con el sol. Es otro día…

Sexto día de navegación: conversamos con Alberto


Clickeá en la foto

sobre la distancia que nos queda recorrer, él está un poco deprimido, ninguno de los dos nos explicamos por qué él pensaba que llegaríamos en ocho días a pesar de haberlo charlado antes. Darse cuenta que no será así lo puso en ese estado.

La navegación para mi está siendo excelente, el viento no supera los 20 nudos, la corriente es realmente fuerte, unos 2.5 a 3 nudos a nuestro favor. A veces caen chubascos y las rachas se suceden alcanzando los 30 nudos, pero sólo duran unos cuantos minutos.

Ya estamos acostumbrados a esquivar los chubascos en la medida de lo posible, las nubes son bien visibles y como el viento es tan constante podemos calcular si debemos apurarnos para pasar antes de las nubes, cambiar de rumbo o aminorar la marcha para darles paso. Esas nubes traen lluvia y vientos fuertes, pero apenas pasan el viento cae hasta dejarnos encalmados. Cuando logramos esquivarlas también esquivamos las calmas.

En diez días solo hemos visto dos buques y de día. Personalmente prefiero no ver ninguno, me pongo nerviosa cuando tengo alguno cerca. Mi medida de longitud no es la misma que las de mis tripulantes… Para mi cerca es cuando los veo grandes, y estas moles son tan grandes que a una buena distancia se ven como edificios completos. Además la velocidad con que vienen es de temer, solo mirar el bulbo de sus proas sumergiéndose en el mar y saliendo constantemente, empujando masas de agua hacia los costados, me da escalofríos!

Desde que zarpamos de Luis Correa que tenemos por costumbre no prender las luces de navegación. La piratería es moneda corriente por esta zona y no queremos llamar la atención. “El Ithaca es un barco de acero, lo construimos para que sea robusto y fuerte…”, me obligo a pensar esto ante la incertidumbre de poder encontrarnos con otro barco que también tenga las luces apagadas. También pienso que hallar una embarcación en esa inmensidad sería como encontrar una aguja en un pajar…, pero algunas veces sucede…, mejor no pensar en ello…

Sigo haciendo cuentas y recalculando nuestro arribo a Trinidad, estaremos allí dentro de tres días pero debemos regular la marcha para llegar al Estrecho de los Galeones a la madrugada. Dicho estrecho separa Trinidad de Tobago, quiero ver bien las dos islas cuando pasemos por allí. Las noches están encapotadas y los días nos deparan sol y lluvia alternadamente.

La duodécima noche es increíblemente bella y coincide con nuestra aproximación al Estrecho. Los dos disfrutamos de ese último espectáculo nocturno antes de nuestro arribo a Chaguaramas, en Trinidad.

Queríamos llegar a Chaguaramas de día, con tiempo suficiente para buscar una marina buena y económica. Recorrimos la costa norte de Trinidad a motor y vela, con por lo menos 4 nudos a favor pero muy poco viento. Alcanzamos los 7 nudos y a veces los 8. Almorzamos y poco tiempo después estábamos pasando a través de Boca de Monos. Una de las tres bocas que comprende las Bocas del Dragón, que por su nombre no indicaban nada bueno.

Boca de Monos es una entrada entre el continente y la Isla Monos, pequeña, con una roca que sobresale y que entrando de noche puede asustar mucho. Yo temía a esta entrada porque la corriente era de 4 nudos y la entrada muy estrecha. Ya me había pasado en Angra dos Reis y en Río de Janeiro que aproximándome a lugares similares se forma un remolino que te chupa hacia el continente o hacia las rocas o isla, por lo cual suelen ser muy peligrosos.

Pero este no era el caso, pasamos muy bien, en pleno día. Distinta seria la salida por este mismo lugar…, pero aun no lo sabíamos…

A las 15:30 hs. del décimo tercer día tomamos amarra en la marina Coral Cove, en Chaguaramas.

Fueron trece días de navegación, trece días de un aprendizaje intenso, pero también fue un viaje muy agotador a pesar de no tener malas condiciones de navegación. Los dos adelgazamos entre 2 y 3 kilos.

Formamos un equipo con Alberto, yo lo sostenía en sus momentos difíciles y él hacia lo propio en los míos. Aprendimos acerca de nuestras fortalezas y nuestras debilidades, acerca de la inmensidad del mar, de la naturaleza y sus mensajes.

Descubrí, entre otras cosas, que debo ser más cuidadosa con el tema de las comidas para que no se vuelvan monótonas. En el undécimo día tuve un ataque de hambre que me puso de mal humor y no me dejaba concentrarme en lo que realmente era importante. No fue por falta de alimentos, ya que teníamos lo suficiente, sino porque nada de lo que había abordo me apetecía…

Chaguaramas fue el primer puerto en el que recalé que no pertenece al MERCOSUR, por lo que icé la bandera amarilla de pedido de libre plática para realizar el trámite de Aduana por primera vez con el Ithaquita.

Ni Alberto ni yo hablamos bien inglés, solo tenemos algunas nociones por lo tanto las primeras comunicaciones con los lugareños fueron para matarse de risa..., pero esa es otra historia…

 


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