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Nos
despedimos de todos los nuevos amigos que hicimos en
Luis Correa y partimos por la mañana. Estábamos muy
contentos de navegar hacia Trinidad, este viaje lo
esperábamos hacía rato y la sensación de viaje frustrado
que nos había dejado el inconveniente con el timón nos
hacía desear aún mas la zarpada.
Como ya
mencioné, este tramo traía nuevos desafíos:
Primero, el cruce del
Ecuador nos mantenía muy expectantes. Es un hito para
todo navegante y nosotros estábamos a solo dos días de
lograrlo.
Segundo, yo había
calculado que este tramo nos insumiría unos 12 ó 14
días, según se comportara el viento y la corriente, por
lo que había que tomar los recaudos correspondientes.
Tercero, entramos
definitivamente en la zona de One Way, de ninguna manera
había marcha atrás. De aquí en adelante sólo nos quedaba
avanzar o, si había algún inconveniente, tocar tierra
pero siempre navegando hacia adelante. Me dijeron que si
la meteorología nos acompañaba tratemos de no parar por
ningún motivo, aprovechando para tener una linda
navegación.
Cuarto,
navegaríamos con los tan soñados Alisios. La información
que recavé fue que se podían poner muy duros, y el
viento es constante de entre 20 a 35 nudos. Nuevamente
veríamos qué nos depararía el futuro…
Del
cuaderno de bitácora: Las
primeras horas y millas son muy agradables, el Ithaca se
desplaza a una velocidad promedio de 6.5 nudos, mientras
que de a ratos subimos a 7 y 8 nudos. El viento es de 15
nudos del NE.
Desde que
salimos sólo vimos un buque, ningún pesquero, cosa que
nos parece extraño.
A las
18:55 hs. del 3 de Enero (2006), cruzamos la línea del
Ecuador!!! Festejamos
semejante hito con una picada y champagne. Un traguito
para Poseidón, otro para el Ithaquita, otro para Eolo,
otro para Miryam, otro para toda la tripu que nos
acompaña: amigos, los integrantes NpM, seres queridos y
por fin, el resto para Alberto y para mi, no mucho
porque no me gusta beber alcohol en navegación.
Estuve
mirando en el GPS como decrecía la latitud para estar
atenta y sacar una foto cuando llegara a 0º 00´ 00.
Navegábamos a 7 nudos, por lo que el GPS pasó la línea
tan velozmente que no me dio tiempo a tomar la foto en
el instante preciso! En algún momento lo volveremos a
cruzar…
Contrariamente a lo que dicen los libros y lo que
habíamos averiguado, no tuvimos calmas. Nuestro ritmo es
veloz y así queremos continuar.
Por las
tardes las olas aumentan de tamaño y el viento se
intensifica, pero la navegación no deja de ser
placentera…
En
realidad esta afirmación es muy subjetiva, es placentera
para mi, pero Alberto está un poco sorprendido porque
nunca había navegado en olas tan grandes, tan lejos de
la costa (estamos buscando las 300 millas para alejarnos
de la desembocadura del Amazonas) y con semejante
movimiento. Algunas veces las tandas de olas se
encuentran con otras cruzadas y el movimiento es
incómodo.
La
navegación subiendo la costa de Brasil fue tan dura, con
corriente y viento en contra que ésta navegada, por
ahora, me parece ideal!!!
Al
anochecer del quinto día Alberto comienza a vigilar unas
nubes que se están agrupando y poniéndose cada vez mas
negras. Termina su guardia sin novedad. En la mía las
nubes ya lo cubren todo, son terriblemente negras. Me
siento en el balcón del Ithaca y contemplo cómo vamos
avanzando hacia la boca del lobo… A nuestra popa está
todo estrellado…, en el frente solo puedo distinguir una
pared negra que todo lo cubre.
La
silueta del Ithaquita se recorta contra esa pared
horriblemente oscura y me pongo a dibujar esa imagen en
un cuaderno, la vista es sobrecogedora. El Ithaca
iluminado por la luna y la oscuridad total al frente. A
esta altura ya me hice a la idea de que pasaremos por
nuestro primer temporal de lluvia, truenos y una
seguidilla de rachas violentas.
Es noche
cerrada. Dos pájaros se pelean para posarse en el domo
del radar, ninguno de los dos lo consigue. Estamos en la
calma previa a la tormenta y la llegada de los pájaros
no me parece de buen augurio, me inquieto. Uno de ellos
se posa, el otro es desplazado por el primero que con
chillidos y aleteos insistentes no lo deja tocar el
radar
Lo
despierto a Alberto para su guardia y justo cuando estoy
por acostarme la lluvia se desata. No hay nada que
hacer, estamos inmersos en una negrura abrumadora. Lo
veo en la cara de Alberto y lo vería también en la mía
si no fuera porque ya pasé por noches parecidas
anteriormente. Esta noche me recuerda a mi primera
oscuridad intensa en navegación, pero ésta se lleva las
palmas, es la noche mas negra que he visto en mi vida.
Las
rachas con fuerte viento comienzan, ya no estamos
encalmados. El Ithaca va a 8 nudos, la lluvia es tan
intensa que no vemos siquiera la proa del barco. Achico
paño, vigilo el timón de viento y no hay nada más para
hacer.., bueno, quizás si…, una lavada de cabeza no me
vendría nada mal, puesto que con las maniobras de las
velas estoy totalmente empapada. Me lavo la cabeza con
la lluvia torrencial, que delicia!! Alberto mientras
tanto se va acostumbrando al nuevo paisaje oscuro y yo
sigo con mi tarea del lavado del cabello para
demostrarle que no hay nada a qué temerle…, mientras
pienso en que todavía no hemos visto ningún buque…,
ojalá no nos crucemos precisamente ahora con ninguno…
La
lluvia, los truenos y las rachas pasan y nos quedamos en
una calma increíble dentro de la negrura. El timón de
viento ya no puede manejar al Ithaca que apenas avanza a
un nudo. No me animo a levantar mucha vela por temor a
las rachas fuertes que ingresan sin ningún tipo de
aviso. Llega la madrugada…, todo se ve distinto. El
viento comienza a subir lentamente junto con el sol. Es
otro día…
Sexto día
de navegación: conversamos con Alberto |
 Clickeá en la foto
sobre la
distancia que nos queda recorrer, él está un poco
deprimido, ninguno de los dos nos explicamos por qué él
pensaba que llegaríamos en ocho días a pesar de haberlo
charlado antes. Darse cuenta que no será así lo puso en
ese estado.
La
navegación para mi está siendo excelente, el viento no
supera los 20 nudos, la corriente es realmente fuerte,
unos 2.5 a 3 nudos a nuestro favor. A veces caen
chubascos y las rachas se suceden alcanzando los 30
nudos, pero sólo duran unos cuantos minutos.
Ya
estamos acostumbrados a esquivar los chubascos en la
medida de lo posible, las nubes son bien visibles y como
el viento es tan constante podemos calcular si debemos
apurarnos para pasar antes de las nubes, cambiar de
rumbo o aminorar la marcha para darles paso. Esas nubes
traen lluvia y vientos fuertes, pero apenas pasan el
viento cae hasta dejarnos encalmados. Cuando logramos
esquivarlas también esquivamos las calmas.
En diez
días solo hemos visto dos buques y de día. Personalmente
prefiero no ver ninguno, me pongo nerviosa cuando tengo
alguno cerca. Mi medida de longitud no es la misma que
las de mis tripulantes… Para mi cerca es cuando los veo
grandes, y estas moles son tan grandes que a una buena
distancia se ven como edificios completos. Además la
velocidad con que vienen es de temer, solo mirar el
bulbo de sus proas sumergiéndose en el mar y saliendo
constantemente, empujando masas de agua hacia los
costados, me da escalofríos!
Desde que
zarpamos de Luis Correa que tenemos por costumbre no
prender las luces de navegación. La piratería es moneda
corriente por esta zona y no queremos llamar la
atención. “El Ithaca es un barco de acero, lo
construimos para que sea robusto y fuerte…”, me obligo a
pensar esto ante la incertidumbre de poder encontrarnos
con otro barco que también tenga las luces apagadas.
También pienso que hallar una embarcación en esa
inmensidad sería como encontrar una aguja en un pajar…,
pero algunas veces sucede…, mejor no pensar en ello…
Sigo
haciendo cuentas y recalculando nuestro arribo a
Trinidad, estaremos allí dentro de tres días pero
debemos regular la marcha para llegar al Estrecho de los
Galeones a la madrugada. Dicho estrecho separa Trinidad
de Tobago, quiero ver bien las dos islas cuando pasemos
por allí. Las noches están encapotadas y los días nos
deparan sol y lluvia alternadamente.
La
duodécima noche es increíblemente bella y coincide con
nuestra aproximación al Estrecho. Los dos disfrutamos de
ese último espectáculo nocturno antes de nuestro arribo
a Chaguaramas, en Trinidad.
Queríamos
llegar a Chaguaramas de día, con tiempo suficiente para
buscar una marina buena y económica. Recorrimos la costa
norte de Trinidad a motor y vela, con por lo menos 4
nudos a favor pero muy poco viento. Alcanzamos los 7
nudos y a veces los 8. Almorzamos y poco tiempo después
estábamos pasando a través de Boca de Monos. Una de las
tres bocas que comprende las Bocas del Dragón, que por
su nombre no indicaban nada bueno.
Boca de
Monos es una entrada entre el continente y la Isla
Monos, pequeña, con una roca que sobresale y que
entrando de noche puede asustar mucho. Yo temía a esta
entrada porque la corriente era de 4 nudos y la entrada
muy estrecha. Ya me había pasado en Angra dos Reis y en
Río de Janeiro que aproximándome a lugares similares se
forma un remolino que te chupa hacia el continente o
hacia las rocas o isla, por lo cual suelen ser muy
peligrosos.
Pero este
no era el caso, pasamos muy bien, en pleno día. Distinta
seria la salida por este mismo lugar…, pero aun no lo
sabíamos…
A las
15:30 hs. del décimo tercer día tomamos amarra en la
marina Coral Cove, en Chaguaramas.
Fueron
trece días de navegación, trece días de un aprendizaje
intenso, pero también fue un viaje muy agotador a pesar
de no tener malas condiciones de navegación. Los dos
adelgazamos entre 2 y 3 kilos.
Formamos
un equipo con Alberto, yo lo sostenía en sus momentos
difíciles y él hacia lo propio en los míos. Aprendimos
acerca de nuestras fortalezas y nuestras debilidades,
acerca de la inmensidad del mar, de la naturaleza y sus
mensajes.
Descubrí,
entre otras cosas, que debo ser más cuidadosa con el
tema de las comidas para que no se vuelvan monótonas. En
el undécimo día tuve un ataque de hambre que me puso de
mal humor y no me dejaba concentrarme en lo que
realmente era importante. No fue por falta de alimentos,
ya que teníamos lo suficiente, sino porque nada de lo
que había abordo me apetecía…
Chaguaramas fue el primer puerto en el que recalé que no
pertenece al MERCOSUR, por lo que icé la bandera
amarilla de pedido de libre plática para realizar el
trámite de Aduana por primera vez con el Ithaquita.
Ni
Alberto ni yo hablamos bien inglés, solo tenemos algunas
nociones por lo tanto las primeras comunicaciones con
los lugareños fueron para matarse de risa..., pero esa
es otra historia…
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