Salí de Río de Janeiro, por la mañana, junto con el María Galante. Como pegamos buena onda con Víctor, de la tripulación del María Galante, se pasó al Ithaca para seguir compartiendo el viaje. Le expliqué que quería hacer toda la navegación sola para probarme, aprender y sentirme segura con la maniobras, y le pareció barbaro así que se vino como pasajero. Acordamos que el tendría dos tareas a bordo, sería el cocinero y quien levante el ancla en los fondeos, esto último por razones obvias, yo prefiero ni tocar el ancla! De esta manera salimos de Río hacia Arraial do Cabo. Teníamos que pasar por Cabo Frío. Cuando comencé el viaje en Buenos Aires, el cuco era el Cabo Santa Marta, después vendría el Cabo Frío y luego Cabo Santo Tomé. Estabamos yendo por el segundo: Cabo Frío! Levanté las velas y el Ithaca navegaba en ceñida, abriéndonos mucho del rumbo, pero quería practicar con las velas. Los bordes se sucedían sin cesar, uno me tiraba al sur y con el otro avanzaba muy poco. Nuevamente la combinación de vela y motor me dió resultado. Esto me lo habían comentado muchos navegantes de la zona, porque la corriente en contra es fuerte y el viento casi permanente del N-NE. Con uno de los bordes me abrí casi 25 millas y volver me costó mucho. Nuevamente se hizo de noche... me estoy especializando en llegar a puerto de noche. Me pasó en Angra, en Río y ahora en Arraial! Llegamos a la altura de Boqueirao a las 4 de la mañana. Así se llama a la entrada o espacio que hay entre el continente y la isla de Cabo Frío, un lugar temido por la conjunción de la corriente fría del sur con la corriente cálida del norte. A esto hay que sumarle el viento constante del cuadrante norte. Como no quería pasar por esa zona de noche, que además tiene otra particularidad, los sedimentos se depositan de un lado y otro formando un gran banco en el medio, decidí fondear próximo a la entrada. El Maria Galante había llegado antes y ya estaba fondeado en la Bahía cercana a la Isla de los Franceses. Hacia allá me dirigí y con la ayuda de Víctor quedamos fondeados. Por la mañana los dos barcos seguimos viaje. Lo siguiente fue Boqueirao, el banco de Arena y Arraial do Cabo. Pasamos realmente sin mayores sobresaltos, muy pendientes de la fuerza de las corrientes que nos llevaban para uno u otro lado. El María Galante pasó bien por el banco de arena pero yo, con el Ithaca llegué a tocar el fondo. |
 Atardecer en Buzios - Clickea en la foto La ecosonda marcaba 1,7 y el Ithaca cala 1,8. Sentí el roce en los pies. Siempre me pasa lo mismo. Cuando el Ithaca toca fondo la pequeña vibracion que transmite en la chapa la siento en los pies, ya estoy conociendo bien al Ithaca, así que lo llevé muy despacio, solo unos minutos suficientes para pasar el banco y listooooooooo!!, lo habíamos logrado una vez masssssssss!!!! De allí hasta Arraial do Cabo fue un pequeño paseo! Nos quedamos un día y continuamos viaje hasta Buzios. Allí esperaríamos el tan deseado frente frío para subir a Buzios. De Arraial do Cabo hasta Buzios solo hay 20 millas que hicimos sin difilcultad pero con la salvedad del caso, como siempre, corriente en contra y viento del NE. Llegamos a las 4 de la tarde y volvimos a fondear. Buzios es un lugar hermoso, y netamente argentino. El 35 por ciento de la población es argentina! En Brasil le llaman la ciudad argentina! Todo cuesta muy caro, y a la vez es muy bonito. En Buzios conocí mucha gente , tomé cerveza en los bares de pescadores, me encontré con muchos poetas!! Todos son poetas!!!! poetas del mar..., y cuenteros, uno de ellos me regaló un collar artesanal y me dijo: "mentiras de poeta no son mentiras, son mentiras constructivas!". Allá se juntan todos, a beber cerveza y a contar sus historias y poesías. Cuantas historias de vida!!!! |