De Natal a Fortaleza hay poco mas de 250 millas. Luego de aprovisionarnos en Natal partimos hacia Fortaleza con la marea bajante. La navegación fue excelente, con vientos de 15 a 20 nudos. A cada tripulante que sube abordo sólo le encomiendo dos tareas: cocinar y levantar el ancla, de todo lo demás me encargo yo. Si están de acuerdo, cerramos trato. El pedido especial es porque yo me mareo dentro y por supuesto prefiero no levantar la cadena. Esto lo había charlado en Buenos Aires con Alberto y Ariel. Resultó que Alberto era el que mejor soportaba los movimientos del barco en la cocina por lo que fue el cocinero oficial. En navegación Alberto preparó, al segundo día, la consabida “carne de sol” en forma de estofado con papas, realmente quedó muy rico, la carne estaba fresca, pero por las dudas cocinó todo el trozo, no vaya a ser que después se pusiera mal. Un día antes de llegar comenzamos a ver los famosos banderines que indican redes de pesca por todos lados, veníamos charlando muy desprevenidos y nos encontramos en el medio de un enjambre de redes, parecía un campo minado. Desconecté a Charlie, el timón de viento, empuñé la caña y mientras Alberto hacía de vigía y me gritaba: “banderín a babor o a estribor”, yo iba timoneando y rezando a todos los santos no enganchar ninguna red. Parece que dio resultado nomás, porque fuimos sorteando de a dos o de a tres los banderines que estaban por todas partes. Uno de ellos, el último, pareció haberse enganchado pero después de unos minutos críticos nos dejó de seguir. Fiuuu!!! Vamos Ithaquitaaaaaaa!!! El último día tuvimos que achicar mucho paño porque de continuar como veníamos íbamos a llegar de noche. Bajamos la mayor, prácti-camente dejamos un triangulito en forma de pañuelito en la proa y así y todo no lográbamos bajar de los 4.5 nudos!!! Regulando la marcha llegamos a Fortaleza justo cuando comenzaba a clarear. La Guía de la zona indicaba que teníamos que pasar entre una escollera y un buque semihundido para poder entrar a Marina Park Hotel. Divisamos el buque y la escollera, pero se veía cómo rompían las olas sobre la escollera por lo que Alberto me dijo para no pasar tan cerca de la misma, me pareció buena idea y comenzamos a enfilar para la punta de la escollera, hasta que de pronto veo que las olas rompían en lo que en ese momento pensé eran rocas que afloraban en la superficie. Muy atentos seguíamos acercándonos y de repente me di cuenta de lo que pasaba…, lo que veíamos no eran rocas sino la proa del buque!!!! Casi le pasamos por arriba!!! El buque no tenía ninguna baliza o boya que señalara el otro extremo. Gracias a Dios la marea estaba baja y por eso pudimos ver los restos, sino hubiéramos corrido la misma suerte que un velero francés el año pasado. Pasó por donde nosotros queríamos pasar y chocó su quillote de lleno con los restos sumergidos del buque. Ahora hay un buque y un velero… Preguntamos en Fortaleza por la señalización, dijeron que había una hace poco pero que ya no está. Preguntamos cuán poco era eso y respondieron 3 años!!! Sin palabras! no quiero saber qué hubiera pasado de entrar de noche… Pero ahí estábamos, en Fortaleza, sobre la costa norte de Brasil. Ya no haríamos mas rumbo norte, ahora sería oeste. Amarramos en Marina Park Hotel, una marina perteneciente a un hotel cinco estrellas, con todas las comodidades que un hotel de esa categoría puede brindarnos. Allí conocimos a Armando, el encargado de la marina y una excelente ser humano, quien se brindó entero y nos ayudó con todo lo que necesitábamos y mas también. |
 Clickea en la foto Junto con Armando trabajan Dedé y Marcinho, quedamos agradecidos a estas tres personas que tan calidamente nos atendieron. Otra persona que no olvidaremos es Cleano, un técnico, radioaficionado que nos arregló la radio BLU. Armando nos contó que Cleano nunca se movía de su taller, pero para gran sorpresa de Armando, Cleano vino al Ithaca dos días seguidos, hasta que dejó en condiciones nuestra radio. No quería partir para la travesía Fortaleza – Trinidad sin radio. Serían muchos días y necesitábamos poder comunicarnos, para obtener la meteorología diaria y para dejar tranquilos a nuestros familiares y amigos. Festejamos Navidad en Fortaleza. El 8 de Diciembre habíamos vestido al Ithaquita de fiesta, con bolitas y cintas de colores, y arbolito de navidad. Nos llamó mucho la atención la fiebre navideña que había en Fortaleza, absolutamente todo estaba decora-do para Navidad. También aproveché para ir al médico, ya que los dos últimos días de navegación sufrí de fuertes dolores y mucho ardor estomacal. Me diagnosticaron gastritis, me dieron una medicación. Un detalle, mientras me hacían la endoscopía la enfermera y la doctora llevaban puestos sendos gorros navideños, como todos los trabajadores en aquella clínica y en la calle. El 24 a la noche también nosotros nos vestimos de fiesta, colocamos los regalos al pie del arbolito y nos fuimos a festejar la Navidad en la avenida Beira Mar, en un restaurante frente al mar con show en vivo. Estupendo!!! Al regresar al Ithaquita brindamos y abrimos los obsequios… Al día siguiente partiríamos para Trinidad, aprovisionamos el barco, cargamos agua, compramos combustible a un catamarán que recién había llegado de Cabo Verde. Tuvo tan buen viento que le sobró casi todo el combustible que había cargado, así que estaba buscando compradores. Nosotros fuimos uno de ellos, no sólo nos vendieron el combustible a buen precio sino que también nos regalaron cuatro estupendos bidones, que nos vendrán muy bien. Este intercambio lo hicimos gracias a Ricardo, un argentino que conocimos en Salvador y que había llegado a Fortaleza el día anterior como tripulante de un escuna que se dirigía a Aruba, él ofició de traductor, puesto que los del catamarán hablaban inglés y yo hablo bastante mal ese idioma. Nuestros vecinos de amarra nos invitaron a almorzar antes de partir, Renée y Paul. Renée cocinó cerdo al horno, estaba exquisito. Así, con la pancita llena, el espíritu contento, los abrazos de despedida y las manos alzadas, nuevamente zarpamos, esta vez, hacia Trinidad…, pero esa es otra historia… |