DIARIO DE ABORDO


 

 

 

 

 

 



 

  08/06/05 - Río de Janeiro   Brasil

En Abraao me encontré con Victor del Mangaratú, Pablo del María Galante, Jerónimo del Kayak, Andrés y varios más. Después de pasear unos días por la isla decidí largarme hasta Río de Janeiro.

Saldría junto con otro barco, el María Galante. Pablo, Patrick y Victor irían a bordo del María Galante y yo en el Ithaca. Esta sería mi primera navegación sola fuera de la protección que da la Bahía de Ilha Grande, por lo tanto todo un desafío para mí.

La noche anterior no pude dormir, revisé todo una y otra vez, me levantaba y volvía a acostarme, corrieron las horas hasta que caí vencida por el cansancio. A las 7 de la mañana desde el María Galante, un Wibo, también Van de Stadt como el Ithaca, me pegan el grito de salida. Me levanté inmediatamente, tantos preparativos y me quedé dormida! Arranqué el motor y salimos de la Ensenada de Abraao rumbo a Río en un día que prometía ser espectacular.

El viento del N-NE se encontraba justo en la proa, y el mar estaba encrespado. Al llegar a mar abierto se calmó un poco, así que decidí izar la mayor, luego desenrollé el yanki y el Ithaca comenzó a caminar haciendo bordes que me abrían mucho del destino. Continué así unas horas y me di cuenta que de seguir así llegaría de noche a Río y no quería esa experiencia en mi primera salida sola. Prendí el motor, enrollé el yanqui, dejé la mayor y enfilé al rumbo, desviándome un poco para uno u otro lado con la intención de que la mayor fuera un poco cargada para así aumentar mi velocidad. Con viento y corriente en contra como suele producirse en esta temporada es muy difícil remontar la costa brasilera, pero iba navegando hacia el norte! Lograba hacer 3 - 3.5 nudos, a veces 4. Así, despacito, fui arrimándome a Río. Mientras tanto el María Galante se había alejado mas de la costa buscando un borde mas largo, por lo que al intentar la misma estrategia que yo quedó claro que tardarían un poco más.

Así fuimos descontando millas, permanentemente comunicados por VHF, lo que me ayudó moralmente ya que no me sentía sola, sabía que otro barco estaba ahí por si algo sucedía. El capitán del María Galante, Pablo, se encontraba en su primera experiencia como capitán a cargo de su propia embarcación, por lo que la cercanía del Ithaca también lo tranquilizaba.

Realizar las maniobras con las velas no me costaron demasiado gracias al piloto automático que seguía el rumbo mientras yo trabajaba. Aunque siempre que iba a proa tomaba la precaución de llevar en el bolsillo el control remoto del piloto por las dudas.

A las 5 y media de la tarde comencé a divisar a lo lejos el Pan de Azúcar! Qué emoción, se me caían las lágrimas, el Ithaquita y yo estábamos cerca, pero todavía faltaba…

Tomé conciencia de que llegaría por lo menos a las 10 de la noche. Estaba en mi primera navegación sola y entraría de noche a un puerto que desconocía totalmente. Eso me ponía muy ansiosa. Los pesqueros me asustaban en su zigzaguear. Cuando yo me corría ellos volvían a virar, hasta que me di cuenta que así es su tarea, van serpenteando por el mar en busca de cardúmenes. Le tenía pánico a los banderines que señalizaban redes, de noche no los podría ver, así que me llevé el control remoto del piloto automático y el gps a la proa, me senté en el botalón con el arnés puesto y desde mi lugar de privilegio de vigía traté de escrutar la noche que reflejaba las luces de la ciudad en el agua. Pasé varios banderines a muy corta distancia, la noche es engañosa, los reflejos confunden, las luces encandilan y yo trataba de forzar la vista al máximo.

Las piedras e islas también me preocupaban muchísimo. De noche las islas se confunden con el continente y la noción de distancia se pierde completamente. Mi estado era de alerta total, y por qué no decirlo, un poquito de miedo a lo desconocido, todos mis sentidos estaban puestos allí y sin embargo no podía dejar de admirar esa noche completamente estrellada, el movimiento del mar, la calidez del aire... Qué sensación!!!!

Río de Janeiro -  Clickea en la foto

 

 

Llegué a la enfilación de la isla Rasa con la isla Laje, ya faltaba menos. Entrar a Río de Janeiro de noche tiene un ingrediente extra, el espectáculo de las luces de la ciudad, el Cristo Redentor iluminado al igual que el Pan de Azúcar eran imágenes soberbias, y todo ello mezclado con mis ganas de llorar, los miedos, la tensión, sensación de alivio por la proximidad, uffff, tantas cosas me pasaban por la cabeza. Quería que Miryam estuviera allí compartiendo ese espectáculo!! Tantos años soñando juntas, caminando, charlando sobre lo que haríamos cuando fuéramos grandes, años invertidos en este proyecto, codo a codo, tiempos de gran esfuerzo, de sufrimientos, sacrificios y de alegrías. El Ithaca estaba entrando a la Bahía de Botafogo, timoneado por mí y llevando la fuerza de Miryam, mi hermana gemela, mi gemela de alma, mi alma gemela… que me hablaba y me decía: fuerza y adelante...!!

A las 22:15 hs. tomé una boya frente al Yacht Club de Río de Janeiro, había sido invitada por un socio en Bracuhy, pero ya eran muchas emociones juntas, entraría al día siguiente y me presentaría ante sus autoridades.

Estaba en Río de Janeiro, no lo podía creer!!! Ordené todo, me senté en el cockpit con una lata de Coca Cola, un paté y criollitas para festejar mi ingreso y esperar la llegada del María Galante. Tenía dos custodias, el Pan de Azúcar de un lado y el Cristo Redentor del otro…, me miraban… y yo brindaba con ellos, en el medio de la Bahía de Botafogo. Qué imagen inolvidable! Qué sensación indescriptible! Vamos todavía... que el Hombre sepa que el Hombre puede!!!

Brindé simbólicamente con Miryam, allí estábamos juntas como siempre a pesar de la distancia; brindé con Mariana, que lamentablemente tuvo que bajarse en Colonia y Río era su destino original; brindé con el Vasco Iriberri, acordándome que me dijo que él estaría allí, a cada momento, escondido en el pañol; brindé con el Chango Arrieta que me hiciera soñar con sus imágenes y sus textos; brindé con Ernesto y Loly que son mi apoyo permanente,  brindé con Aurora Canessa con quien íbamos a correr la BsAs-Río; brindé… Y en eso estaba cuando casi dos horas después llegó el María Galante y a los gritos disfrutamos el reencuentro y la felicidad por el logro. Cada uno de los tripulantes de ese barco y yo misma teníamos algo por qué brindar, cada uno con sus historias a cuestas, cada uno con sus pensamientos, sus emociones, pero todos juntos allí disfrutando el haber conseguido un sueño mas y el compartir ser compañeros de ruta, de emociones, de viaje…

 

Al día siguiente fuímos a recorrer Río. No por nada la llaman la ciudad Maravillosa. Quedé encantada con esta ciudad. Por supuesto fuímos a ver el Cristo Redentor, el centro de Río, pasamos por alguna favela, usamos los troles, comímos asado y después de un día de caminata intensa volvimos a los barcos con ampollas en los pies pero felices!

Me gustaría quedar al menos una semana en Río, pero ya perdí mucho tiempo en Angra así que sigo rumbo norte. Nos vemos en el próximo puerto!

 


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