DIARIO DE ABORDO


 

 

 

 

 

 

 



 

  05/12/05  Jacaré - Natal  (Brasil)

Natal está situada en el límite norte de Brasil, donde desemboca el río Potengi.

Además de ser un lugar histórico, la región es también productora de alcohol, azúcar y sal.

A mediados de 1500, Natal estaba bajo el dominio francés, luego vinieron los portugueses y finalmente los holandeses. Esas influencias resultaron en una mistura étnica singular, con una cultura propia.

Natal también es famosa por las playas de mar abierto con arenas blancas y protegidas por recifes.

 

La navegación hasta allí fue muy buena, salimos de Jacaré por la tarde, con la marea en bajante, para aprovechar los nudos de corriente que prácticamente nos catapultó de Jacaré, una vez en alta mar, con solo el Yanqui, íbamos a 7 nudos. Corriente y viento a favor, parecía mentira!

Por la noche hicimos guardias de dos horas. Estaba en mi guardia cuando comencé a divisar a lo lejos una luz intermitente. Había aprendido que esa luz era la punta de una red al ras del agua. A ambos costados de la luz, se encontraban dos embarcaciones de pesca. Necesitaba saber cuál de ellas era la dueña de la red, para saber por dónde pasarle. De noche no hay forma de averiguarlo, ninguna de las tres luces se movía. Decidí dejar por babor uno de los pesqueros y la luz intermitente, esperando no equivocarme, si ello sucedía lo más probable sería que enroscáramos parte de la red en la hélice.

Alberto estaba durmiendo después de su guardia. Nos fuimos acercando y cuando por fin pensé que habíamos superado la línea…, zasss…, comencé a sentir un fuerte ruido de alambre o lata que venía raspando el casco desde la proa, lo sentí claramente raspar el quillote, tomé la caña por instinto, mientras Alberto salía a cubierta dormido y totalmente confundido al igual que yo. Sentimos juntos el ruido en la pala y por fin, tras unos segundos interminables el ruido cesó y el Ithaquita continuaba su viaje a la misma velocidad en que veníamos, seis punto cinco nudos. Que susto!!! Obviamente me había equivocado, debí haber elegido dejar por babor al otro pesquero…, gracias a Dios no había quedado enganchada la red en la hélice, quizás por la velocidad a la que veníamos…

 

De Jacaré a Natal hay unas 80 millas aproximadamente, llegamos al día siguiente.

Al llegar tomamos una boya frente al Iate Clube Natal, como nuestro dinghy está dañado el club nos prestó una balsa salvavidas, de esas que llevan los escunas en sus excursiones.

La balsa es un marco rectangular de fibra de vidrio, muy pesado, y en su centro tiene una red bien tensa, la que nos permitía arrodillarnos en ella, pero con el peso la balsa casi desaparecía bajo el agua, por lo que cada vez que subíamos a ella había que llevar ropa que pudiéramos mojar y luego cambiarnos. Recordaremos con Alberto las remadas hasta la playa o hasta el Ithaca, con corriente tan fuerte que nos desviaba de la ruta, obligándonos a estar muy pendientes de la estoa para no tener que lidiar con tantos nudos de velocidad.

Quiero agradecer muy especial a las autoridades del club que nos han atendido maravillosamente.

 

En Natal nos dedicamos a pasear. El primer día alguien de otro barco, en la marina, nos dijo que

 


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podíamos ir al Cajueiro Pirangí (se pronuncia cayueiro), “o mayor do mundo”.

 

Yo me puse contenta porque pensé que era una cascada (cachoeira, se pronuncia cayoeira), pero no me cerraba eso de la mas grande del mundo! De todas maneras para allá fuimos. Grande fue nuestra sorpresa cuando descubrimos un cartel donde repetía que estábamos en el Cajueiro mas grande del mundo. Y lo era!!!

Resultó ser la plantación de cajú mas grande del mundo! Allí tomamos una excursión que nos llevó a hacer snorkel en las piscinas naturales de corales, donde se podían ver peces de todos colores, estrellas de mar y hasta jugamos con un pulpito.

Nos encontramos con dos argentinas que estaban por ahí de vacaciones, una de ellas Laura, era médica y compartimos con ella la excursión. Nos comentó que ellas habían tomado un paquete turístico que las llevó a pasar una semana en Pipa, a unos 150 kilómetros al sur de Natal y que ése sería su último día. Nos hablaron maravillas de Pipa, que es un centro turístico muy nuevo, pintoresco, muy internacional, con mucha movida nocturna y donde una puede nadar con los delfines. Le hicimos caso y fuimos al día siguiente. Pipa resultó tal cual nos la describieron, vale la pena acercarse hasta allá. Disfrutamos de un día espectacular y volvimos al barco cansados.

 

Al tercer día partimos para el norte de Natal, visitamos la playa Genipabu. Allí se realizan paseos en buguies por los inmensos médanos de arenas blancas, se puede andar a caballo y hasta hay dromedarios para hacer paseos.

En Natal me informaron sobre la “carne de sol”. Yo venía comiendo esa carne en algunos platos brasileros pero no sabía exactamente qué era. Resultó ser carne a la que bañan con sal  y la dejan secar al sol. No es charque, ya que éste se seca totalmente. La carne de sol tiene ese proceso para conservar el interior, se seca por fuera pero por dentro sigue fresca. Dicen que dura más de una semana sin frío. Me comentaron que es excelente para llevar en el barco sin heladera, yo tenía mis reservas porque veía una carne muy negra y en algunos lugares las moscas se posaban, pero fiel al lema del Ithaquita dije nuevamente…., y bueno… probemos….

Compramos un trozo de carne de sol y manteca de Ipueira  (es casi líquida, la venden en botellitas de vidrio, tampoco necesita heladera), para cocinar en el viaje hacia Fortaleza,…, pero esa es otra historia…

 


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